Caminos hacia la posmodernidad: Estados Unidos

Y, en el centro de estos dos mundos, vemos erigirse uno que será el que bascule entre Francia y Gran Bretaña por su calidad de neonato. Estados Unidos trajo una revolución de variadas magnitudes: Republicana y democrática; antigua y moderna, y ante todo, constitucional. Desde la lente británica, la corporeización de Estados Unidops no se vio como una revolución, sino como una separación, ya que en ningún momento se cuestionó la naturaleza de la soberanía regidora que por lo demás permitía la convivencia de una república y un imperio (lo que supuestamente es Estados Unidos), pero dando un paso más: democracia.

En todo caso y para una separación efectiva, Estados Unidos hubo de redefinirse en un sentido doble: ellos mismos y en relación a la corona. Acogiéndose a una reformulación de la visión lockeana del ius gentium, se definieron como emigrantes en estado natural, y por lo tanto libres, y con derecho a elegir la forma política con la que se gobernarían a sí mismos. Esta forma sería la confederación, inaceptable para Gran Bretaña, que desde la Unión de 1707 se había constituido como una incorporación con el fin de mantener una única soberanía, tanto monárquica como parlamentaria, para así evitar las guerras interiores. Tras establecer su relación confederal como disuelta, consiguieron la emancipación, y, si Gran Bretaña perdía el imperio entendido como dominio, no lo hizo en cuanto soberanía, puesto que pensaron que república e imperio seguían siendo perfectamente conciliables.

Desde Estados Unidos la emancipación fue vista como un paso trascendental: el paso del mundo antiguo al moderno. Y el eje de esta tensión ambivalente será su constitución: retienen parte de la virtud antigua (los ciudadanos pueden usar las armas) bajo unas nuevas condicones modernas (soberanía compartida entre el Estado y los gobiernos, o multidimensionalidad, lo cual lleva aparejada la representación política).