Instrucciones para abandonar una casa

1. En primer lugar despreocúpese,  las casas no son como las personas: te echarán de menos pero no habrá rencor.

2. Una vez que tengamos por seguro que la “casa” es sin duda un “hogar” no disimule su apego a ella: el Hogar lo ha visto en sus peores gastroenteritis e incluso babeando mientras duerme, no puede engañarle ni engañarse a sí mismo.

3. Provéase de cajas de cartón de distintos tamaños y calidades. Para este punto se recomienda acudir a polígonos industriales. Se recomienda también no ser especialmente metódico a la hora de ordenar sus cosas en las cajas. El espíritu del hogar le ayudara a mantener el grado de orden (o desorden) intrínseco a ella

4. Encuentre casualmente ceras de colores y dibuje cuidadosamente la silueta de cada uno de los objetos que descuelgue de la pared. No lo hace por usted, lo hace para evitar que la casa se sienta desnuda.

5. Invite a sus amigos a embalar cosas y desmontar muebles. En este punto es conveniente surtir a dichos voluntarios de bebidas frescas como cervezas y vasos de agua. Provéales también de otras viandas sólidas. Asegúrese de que la carga calórica de dichos alimentos es elevada: el gasto energético de una mudanza a contrarreloj es incalculable. Se recomienda también no embalar los utensilios de cocina hasta el final de la mudanza con el objetivo de facilitar la ingesta de dichas bebidas. Aconsejamos también no ser especialmente quisquilloso con el tipo de amigos a los que se invita: todos pueden ayudar, de hecho ciertas prestigiosas Facultades de Sociología y Psicología avalan la terapia “mudanzística” como método para fortalecer amistades (otras Universidades igual de prestigiosas defiende que las mudanzas desunen a las familias).

6. Encuentre un bono de metro de hace cinco años con viajes disponibles y guárdelo para certificar su validez actual (asómbrese de la exagerada subida del transporte en ese período de tiempo). Certifique dicha validez con cualquier amigo implicado en la mudanza y esconda posteriormente el billete detrás del cabecero de su cama en su nueva casa (si es que tiene la fortuna de conservar su cabecero, o su cama, o “tiene” una casa nueva).

7. Fotografíe los frescos con que adornó las habitaciones. Desprestigie a Miguel Ángel, enorgullézcase exageradamente de su obra.

8. Haga una llamada al extranjero y comuníquese con el Sacerdote que entronizó la figura de esa Virgen en su casa ¿puede llevarse la Virgen de allí o debe quedarse y vivir lejos de la Familia? Introduzca la figura de la Virgen en una caja e indique que su contenido es “delicado”

9. Desmonte los muebles y olvidé rápidamente el proceso. El montaje posterior se convertirá así en una emocionante aventura.

10. No pierda el sentido del humor. Si se ve en la obligación de embalarlo, déjelo para las últimas cajas.

11. Durante el proceso no duerma en la casa si es alérgico.

12. No embale en primer lugar sus zapatos, los necesitará para andar por la calle.

13. Mantenga informadas a sus amistades de cada detalle: quienes no hayan podido asistir a la fiesta, agradecerán la molestia y convertirán las pequeñas tragedias en grandes bendiciones.

14. Olvide la posibilidad de contratar un servicio de mudanzas, Y si no queda más remedio que hacerlo, asegúrese de que el jefe se llama João y que no habla su idioma. Asegúrese también de que para facilitar la comunicación él no hablará más despacio ni escuchará con más atención, tan sólo debe hablar más alto. Detalles como este ayudarán a aumentar el nivel de estrés, surrealismo y congoja de la situación. Por ello le remito de nuevo al punto 10.

15. Mienta a sus vecinos sobre lo que está ocurriendo. Procure no sostener con ninguno de los vecinos la misma mentira ni se ponga de acuerdo con el resto de cómplices sobre qué van a decir. Debemos ser creativos y salvar las implicaciones sociales de la situación y de nuestras mentiras con soltura y naturalidad.

16. Haga esfuerzos físicos innecesarios. Las molestias durarán unos días más que la mudanza y así no le parecerá que todo ha sido un sueño.

17. No olvide llevar el felpudo.

18. No olvide olvidar la televisión

19. No olvide olvidar la plancha

20. Elija una habitación donde dejar todas las cosas que decidan olvidar.

21. Ordene las perchas por colores y olvídelas también.

22. En la medida de lo posible pierda todos los clavos, tornillos y arandelas necesarios para el posterior montaje de los muebles.

23. Despídase de cada uno de los rincones emblemáticos del Hogar. Adjunto ejemplos:

-¡Adiós ventana desde la cual “x” amigo de la familia escupió a la cabeza de la vecina de abajo en la fiesta de inauguración de la casa estrenando así una convivencia vecinal precaria!

-¡Adiós terraza minúscula donde cabíamos trece amigos!

-¡Adiós cocina que quemé accidentalmente!

-¡Adiós recibidor donde la hermana pequeña se abrió una brecha enorme!

-¡Adiós habitación que compartí con mi hermana durante años!

-¡Adiós habitación donde supe por primera vez que estaba enamorada!

-¡Adiós habitación donde estudié Selectividad!

-¡Adiós terraza donde descubrí mi amor por las plantas!

-¡Adiós paisaje serrano que me deslumbraba cada mañana!

-¡Adiós salón donde sacamos las fotos de la boda de mi hermana!

-¡Adiós pasillo que mi hermano escalaba!

24. Olvide una maceta en una ventana que dé a la calle (preferiblemente donde haya plantada una cebolla en flor).

25.Visite con regularidad su antigua calle y pronuncie con una nostalgia afectuosa  y alegre la siguiente frase “yo una vez viví allí”. Compruebe que la maceta continúa en la ventana y que las persianas no se han movido. Repita esta acción durante meses.

26. Recuerde el sutil lenguaje de la mudanza: “voy por cinta de embalar” suele traducirse con bastante éxito por “me tenéis hasta el moño”.

27. No se preocupe si ciertos objetos insisten en salirse de su caja. Sucesos como este deben llevarle a un proceso reflexivo: ¿Es realmente necesario el objeto? ¿Querrá la casa que ese objeto en concreto le haga compañía? Abra su corazón y deshágase del apego. Mudarse es desnudar el alma y priorizar conceptos. Sea valiente.

28. Discutan acaloradamente acerca del peso aproximado del piano.

29. No indique con precisión el contenido de los paquetes (para esto será muy útil guardar en primer lugar el rotulador destinado a marcar las cajas).

30. Procure trabajar cuando cambien la cerradura de la puerta de entrada. Recuerde que no le darán una copia de la llave.

31. Agradezca la ausencia de policías y banqueros.

32. Descubra (meses después) que la casa, su hogar, será el nuevo hogar de uno de sus compañeros de trabajo. Piense que si usted hubiera tenido que pagar lo mismo que ha pagado él, aquí no habría pasado nada. Relájese. Ella será un buen hogar para otro. Hágale un guiño cuando pase bajo su balcón.

Grândola: crónica de un 25 de abril de hace 40 años (II)

25abril1974

Viene de Grândola: crónica de un 25 de abril de hace 40 años (I)

El ambiente de la calle iba adquiriendo un tono festivo. La zona del Carmo comenzaba a llenarse de una masa impresionante de personas, en buena parte jóvenes estudiantes, a pesar de que por Radio Clube Portugués no se dejaba de repetir que la gente se quedara en sus domicilios. Así empezó la confraternización entre civiles y militares que caracterizaría la escena lisboeta de los días posteriores. El ambiente era cada vez más alegre, sobre todo a partir de las tres de la tarde, cuando se recibió la noticia de que la Guardia Nacional Republicana se rendía, disolviéndose así el temor de una intervención por su parte.

Mientras tanto, las negociaciones para la rendición del jefe de Gobierno estaban ya muy adelantadas. A las cuatro y cinco de la tarde llegó al Cuartel do Carmo el Secretario del Estado, Pedro Feytor Pinto, con su secretario particular. Tras pedir que les dejaran hablar con el comandante de las tropas que cercaban el Cuartel General de la Guardia Nacional Republicana, Feytor Pinto fue conducido ante el capitán Salgueiro Maia. Habló en primer lugar con el ministro del Interior y con el propio Caetano. El jefe del Gobierno pidió a Feytor Pinto que comunicara al general Spínola que estaba dispuesto a entregarle el poder “para evitar que el poder se le cayera en la calle”. De ahí, Feytor partió hacia el domicilio de Spínola para trasmitirle la intención de Caetano, quien le llamó por teléfono justo en ese momento para contárselo personalmente. Feytor volvió al Carmo y sugirió al oficial de más alta graduación que había, un capitán, que se desplazara al cuartel de Ingenieros 1, en donde podría hablar con los jefes del Movimiento de las Fuerzas Armadas.

Spínola llegó al Cuartel do Carmo a las seis de la tarde, y fue entonces cuando el presidente del Gobierno le hizo entrega del poder. Más o menos a la misma hora, se produjo el incidente en el que un hombre reconocido como agente de la DGS/PIDE (la policía política) fue casi linchado por los estudiantes que lo descubrieron. Fue Salgueiro Maia quien intervino, evitando así que el funcionario muriera a golpes.

De la caída del Cuartel do Carmo informó Radio Clube Portugués mediante un comunicado del Movimiento de las Fuerzas Armadas, que se transmitió a las 18:20 horas. Mientras tanto, el pueblo empezó a pedir que Spínola saliera al balcón a saludar, lo que este no hizo por miedo a que hubiera algún francotirador escondido. No fue hasta las siete de la tarde, a consecuencia de un chaparrón, cuando se dispersó la muchedumbre que estaba en la plaza.

25abril (2)

A las siete y veinticinco, el blindado Bula salía del interior del cuartel llevando en su interior a Marcelo Caetano, Moreira Baptista, Rui Patricio y Silva Pinto, ministros de su gobierno, acompañados por el propio Spínola. El destino del convoy era el cuartel del Regimiento de Ingenieros 1, el puesto de mando del Movimiento de las Fuerzas Armadas. Llegaron cerca de las ocho. Tras quedar detenidos esos altos funcionarios en una dependencia del cuartel, el general Spínola se reunió con los oficiales que habían dirigido el pronunciamiento, entre los que se encontraban el teniente Almeida Bruno y el comandante Monje, ambos recién liberados del fuerte de Trafaria, donde estaban detenidos por haber sido dos de los líderes del levantamiento fallido del 16 de marzo en Caldas de Rainha.

Pasadas las 20:00 se produjo el único acontecimiento triste del día: unos pocos agentes de la PIDE, en un intento desesperado de resistir y de sofocar la revuelta, dispararon a matar contra la población civil que seguía en la praça do Carmo, ocasionando cuatro muertes, el único derramamiento de sangre de toda la jornada.

Cerca de la una y media de la madrugada, Radiotelevisão Portuguesa informaba de la composición de la Junta de Salvación Nacional: António Alba Rosa Coutinho, José Baptista Pinheiro Azevedo, Franciso da Costa Gomes, Antonio de Spínola, Jaime Silveiro Marques, Carlos Galvao de Melo y Manuel Diego Neto. Inmediatamente después de ofrecida esta información, el general Spínola leía el primer comunicado de la Junta de Salvación Nacional en el que se adelantaban los principales objetivos del movimiento militar.

A las 7:40 del día 26, partían el expresidente de la República, Marcelo Caetano y los exministros Silva Cunha, Americo Thomas y Moreira Baptista. El avión levantó el vuelo a las islas Madeira, donde permanecerían en situación de residencia vigilada.

10153273_619329624820791_5106460192579057676_n

La primeras noticias sobre el golpe de estado portugués llegaron muy tarde a los periódicos españoles. Eran ya bastante más de las ocho de la mañana cuando recibimos en la redacción de Tele/eXpres el primer telegrama de la agencia EFE, basado en uno de la portuguesa ANI. La noticia de EFE se refugiaba en la de ANI, como si quisiera justificar la difícilmente justificable tardanza en la transmisión de los primeros datos.

¿Y por qué los claveles? En un momento dado un soldado se acercó a una florista llamada Celeste Caeiro, cargada de claveles, y le pidió un cigarro. Ella no fumaba, pero por darle algo, por tener un detalle con los soldados que tanto estaban haciendo por todos, le regaló un clavel rojo. El soldado lo cogió y metió el tallo en el cañón de su fusil. Y entonces todos los civiles empezaron a comprar claveles que regalarles a los soldados.

Grândola: crónica de un 25 de abril de hace 40 años (I)

25_Abril_1983_Porto_by_Henrique_Matos_01

Todo empezó cuando el locutor João Paulo Dinis dio la hora el día 24 de abril. Dijo “faltan cinco minutos para las ventitrés”, y no “son las diez y cincuenta y cinco minutos”, y a continuación sonó E depois do adeus. Esta era precisamente la señal convenida para poner en marcha toda la acción que pretendía echar abajo el régimen de Marcelo Caetano, sucesor de António Salazar. Al oír este mensaje, oficiales y, también, un pequeño grupo de civiles supieron que podían seguir adelante.

A las 0:20 Leite de Vasconcelos, locutor de Radio Renascença, emisora católica, recitó la primera estrofa de Grándola, una canción de Zeca Afonso cuya transmisión por la radio estaba prohibida:

Grándola, Vila Morena,
terra da fraternidade
o povo é quem mais ordena
dentro de ti, oh Cidade.

A continuación, puso la canción y cuando terminó, volvió a recitar la primera estrofa. Aquello de “faltan cinco minutos para las ventitrés” también iba dirigido a este locutor, encargado de decir con esta canción que los oficiales ya podían comenzar a salir de sus cuarteles para dirigirse hacia los objetivos previstos.

En la Escuela Práctica de Caballería de Santarem se había celebrado una reunión de oficiales durante la noche del 23 al 24. Una vez que todos estuvieron de acuerdo en el paso que se iba a dar, se habló a los suboficiales, a los soldados y a los cadetes de la escuela. Aunque hubo quien optó por mantenerse al margen, e incluso algún comandante contado se opuso, el apoyo al levantamiento fue masivo. Su plan era dirigirse pasando lo más desapercibidos posible a Lisboa en dos columnas: un cuerpo de reconocimiento (diez tanques y unos 80 hombres) y otro bajo el mando del capitán Salgueiro Maia (12 tanques y 150 hombres). Estas columnas tenían unos objetivos muy concretos: el Ministerio del Ejército, el Banco de Portugal y, tras haber tomado ya Radio Clube Portugués, Radio Marconi. En la retaguardia se quedaba el comandante Costa Ferreira, quien desde el cuartel de Santarem, se encargaría de conseguir la colaboración de ayuntamientos, de la compañía de electricidad y de la Compañía de Teléfonos de Oporto y Lisboa.

Las tres de la madrugada, la hora H. Mientras que algunos soldados cortaban el poco tráfico que había por las calles lisboetas a esas horas, otros tomaban sin resistencia alguna el Cuartel General de la Región Militar de Lisboa. Los de la Escuela Práctica de Infantería de Mafra tomaron el aeropuerto de Portela también sin mucho esfuerzo. A partir de ese momento, los vuelos que llegaron a Lisboa, fueron desviados a Madrid y Barcelona. Por su parte, los de la Escuela Práctica de Administración Militar se habían apoderado ya de los estudios de la Radio Televisión Portuguesa.

Los escuadrones de Santarem llegaron a sus objetivos a la Hora H sin problema. Su objetivo básico era controlar la zona del Terreiro do Paço. Nada más llegar, unos cuantos oficiales se dirigieron hacia el Ministerio del Ejército. Los oficiales conjurados en el Movimiento de las Fuerzas Armadas sabían que a esa hora se encontraban el ministro del Ejército, general Alberto Andrade e Silva, el subsecretario de Estado, coronel Viana de Lemos, y el contraalmirante Henrique Tenreiro, cuyas detenciones inmediatas podían ser un golpe de efecto psicológico muy importante. Sin embargo, estos conseguirían escapar.

1209141146_f

En pocas horas, los de Santarem fueron reforzados por pequeñas unidades del Regimiento de Ingenieros 1. Todas las calles cercanas estaban totalmente cerradas y el dispositivo de defensa establecido se basaba principalmente en cortar el paso a las posibles unidades fieles al gobierno. Mientras tanto, el Puente de Salazar estaba también controlado y por él iban llegando a Lisboa otras fuerzas de guarniciones estacionadas en el sur del país.

A las 4:30 de la madrugada los puntos estratégicamente más importantes de Lisboa ya se habían tomado. A esa hora Joaquim Furtado leyó un comunicado en la radio. A las 6:30, tras dos comunicados más en Radio Clube Portugués, algunos redactores de las Fuerzas Aéreas cruzaron la capital en diversas direcciones. La noticia del levantamiento estaba siendo transmitida por las emisoras extranjeras más importantes.

La toma de Lisboa se había llevado a cabo con la mayor serenidad y sigilo. La mayoría de los lisboetas no habían encontrado nada anormal cuando despertaron, y solo los más madrugadores pudieron escuchar la gran noticia cuando sintonizaron Radio Clube Portugués.

Radio Clube Portugués repitió una y otra vez las llamadas a la calma y a la serenidad de los habitantes de Lisboa, pidió a las fuerzas paramilitares que no ofrecieran resistencia y solicitó a los médicos que se dirigieran a los hospitales. Eran ya las siete y media de la mañana cuando, en un nuevo comunicado, se daban ya las primeras indicaciones sobre el sentido de este levantamiento militar que se estaba ya consolidando visiblemente.

Hacia las ocho de la mañana las calles empezarían a encontrarse concurridas. En las calles se podía ver el despliegue militar. Por su parte, el capitán Salgueiro Maia, había asumido el mando de las fuerzas estacionadas en el sector. Llamaba la atención la presencia de hombres trajeados que iban dando órdenes e instrucciones. Estos eran oficiales del ejército que participaron en las operaciones del día 25 sin sacarse en ningún momento el traje de civil, que vistieron desde su deserción, con el objetivo de coordinar los últimos detalles de la conspiración.

478347_367466536628622_192883077420303_952162_1046544539_o

Con más retraso de lo previsto, pues las conexiones de la Emisora Nacional se cayeron a las 4:00 y no se restablecieron hasta varias horas después, a las 8:30 el locutor Eduardo Fidalgo leyó el primer comunicado del Movimiento de las Fuerzas Armadas.

Poco antes de las 9, fuerzas del Regimiento de Caballería 7 intentaron oponerse a las fuerzas que controlaban el Terreiro do Paço. Estos no tenían ninguna esperanza de éxito y, de hecho, el teniente coronel Ferraud de Almeida fue inmediatamente detenido. Y por si esto fuera poco, la mayor parte de la tropa se unió espontáneamente al Movimiento de las Fuerzas Armadas. A esta misma hora en las calles de la Baixa se había producido un tiroteo al aire con el objetivo de conseguir la dispersión de la multitud que se estaba congregando en la zona, sin demasiado éxito.

En un comunicado transmitido por Radio Clube Portugués a las diez y media, se reiteraron las peticiones de que la población civil se mantuviese en sus domicilios con la promesa de ir informando de la situación.

Al mediodía ya estaba claro que las tropas desplegadas en torno al Terreiro do Paço habían logrado sobradamente sus objetivos, así que ya podían dirigirse a los siguientes puntos. Un grupo se dirigió a la sede de la paramilitar Legión Portuguesa y otro a la jefatura de la Dirección General. El primer punto fue tomado sin problemas, pero en el segundo solo consiguieron mantenerlo vigilado, pues los policías no tenían intención de rendirse.

Hubo un tercer grupo, el más numeroso, que se dirigió al Cuartel do Carmo, sede de la Guardia Nacional Republicana, donde estaban Caetano y otros miembros del Gobierno. El dictador expresó su intención de resistir hasta el final. Al parecer, Caetano creía todavía que disponía de suficientes unidades militares y policiales para dar un vuelco al rumbo de los acontecimientos. Sin embargo, las únicas fuerzas importantes que se mantenían fieles al gobierno eran las de guarnición en el cuartel del Regimiento de Lanceros 2, unidad en la que estaba establecida la policía militar de Lisboa. Días después, este regimiento hizo todo lo posible para aclarar a través de la prensa las razones coyunturales que habían impedido su incorporación a los sublevados. La realidad es que la Policía Militar jugó un decisivo papel en la extraordinaria confraternización entre el pueblo y las Fuerzas Armadas que se produjo en la capital.

Sigue en Grândola: crónica de un 25 de abril de hace 40 años (II)

Cría cuervos

 

current_gcfg

Ficha técnica de Cría cuervos

No entiendo cómo hay personas que dicen que la infancia es la época más feliz de su vida. En todo caso para mí no lo fue y quizá por eso no creo en el paraíso infantil, ni en la inocencia, ni en la bondad natural de los niños. Yo recuerdo mi infancia como un periodo largo, interminable, triste, donde el miedo lo llenaba todo, miedo a lo desconocido. Hay cosas que no puedo olvidar. Parece mentira que haya recuerdos que tengan tanta tanta fuerza… Tanta fuerza.

Ana recuerda como recordamos todos: desordenadamente, mezclando lo que pasó después con lo que pasó antes, volviendo recurrentemente a imágenes obsesivas y dándole a las ensoñaciones de la infancia el mismo peso que merece cualquier otra vivencia. Hay imágenes que permanecen en nosotros con misteriosa persistencia. Algunas veces [ella ha] llegado a pensar que esas imágenes son precisamente nuestra personalidad. Ana recuerda la muerte de su padre y luego recuerda a su padre vivo, pero no recuerda ninguna conversación con él. Recuerda a su madre, viva, en pijama, en ocasiones tocando el piano; recuerda su enfermedad pero no su muerte. En la nevera de su casa siempre hay un plato con patas de pollo y lechuga para Roni, su cobaya, cuya muerte sí recuerda. Ana friega varias veces el mismo vaso sucio de leche y de ese veneno tan letal que es el bicarbonato, entremezclándolo siempre entre los demás para que no se sepa cuál es el que ha utilizado.

808bc-cuervos7

Ana sobre todo recuerda con “tanta fuerza” los momentos que presenció y que no entendía. Ella no comprende que con una cucharadita de bicarbonato no se puede matar a un elefante, no entiende qué hacía Amelia con su padre en la cama, no sabe de qué le habla Rosa cuando le cuenta que nosequién se quedó embarazada de un ratón.

Había un montón de cosas que no aceptaba a comprender y me desazonaba la sensación de ser víctima de un juego en el cual yo no podía participar porque no conocía las reglas… Adivinaba cierta malicia en los gestos, en las conversaciones, pero no conseguía entender las cosas…

A Ana se le está revelando el mundo de los mayores. Debido a su insomnio, es espectadora de muchas escenas protagonizadas por los adultos, o más correcto sería decir las adultas, que la rodean. No entiende lo que ve pero esos recuerdos se quedan en su cabeza guardados, hasta que el paso del tiempo consigue explicarlos, o hacerlos todavía más confusos.

¿Por qué quería matar a mi padre? Es esa una pregunta que me he hecho cientos de veces. Las respuestas que se me ocurren ahora, ahora, con la perspectiva que dan los veinte años que han pasado desde entonces, son demasiado fáciles y no me satisfacen… Lo único que sí recuerdo perfectamente es que entonces me parecía el culpable de toda la tristeza que había embargado a mi madre en los últimos años de su vida. Yo estaba convencida de que él, y sólo él, había provocado su enfermedad y su muerte.

cria

Ana juega con su hermana mayor y con su hermana pequeña. Hacen obras de teatro fingiendo que son mayores, soltando expresiones grandilocuentes Me estás amargando la existencia. ¡Qué habré hecho yo, Dios mío, para merecer esta suerte! que apenas entienden; uno de los días que Ana recuerda como más agradables de su infancia, juegan a un escondite en el que se puede “matar” y en el cuarto de juegos bailan Por qué te vas por aburrimiento y aburridas.

Siempre suenan las tres mismas canciones: Por qué te vas para los momentos que podrían considerarse propiamente infantiles, Ay, Mari Cruz, Mari Cruz para los momentos que pasa con su abuela (también espectadora de ese mundo que ella ya ha abandonado y al que Ana todavía no ha llegado) y la melodía que toca su madre al piano, una música sentimental y melancólica, acorde a la imagen que Ana conserva de su madre y que invoca una y otra vez, despierta o en sueños. Y es en su madre —esa persona que por miedo renunció a ser pianista y escogió dedicarse a la casa y la familia, la que le revela a la niña que todo es mentira, quien le enseña lo que es morirse en la mujer en la que Ana se convierte.

criacuervos0lr1

Ana imagina que sobrevuela su burgués barrio madrileño, regaña a su muñeca como si fuera ella misma pero no aguanta que la regañe su tía, no se queja, solo se sonríe, llora poco y, como si estuviese sola, no busca más cariño que el de su madre. Porque, aunque a veces parezca que se le olvida que ella ha muerto, lo sabe. Y muy bien.

 

Catálogo de yoes (I)

Autorretrato - Gino Severini (1912)

Autorretrato – Gino Severini (1912)

La historia del sujeto se puede contar de diversas maneras:
como historia de una emancipación o de una pérdida,
pero también como historia de una catástrofe continuada.
(Peter Bürger)

I am he as you are he as you are me and we are all together
(The Beatles)

En la introducción a su libro La desaparición del sujeto. Una historia de la subjetividad de Montaigne a Blanchot, Peter Bürger comienza enunciando una afirmación que observa como síntoma de un cambio de paradigma: “El sujeto ha caído en descrédito”.  Con sus palabras, Bürger hace referencia al discurso relativo a la muerte del yo que se ha hecho tan frecuente en la teoría literaria posmoderna y que, mediante la abolición del sujeto, categoría central de la modernidad, quiere expresar la conciencia de hallarnos en una época de tránsito. Pero aquí no vamos a hablar del consabido asesinato perpetrado por Barthes y rematado (o deconstruido, como si de un descuartizamiento se tratara) por Derrida, sino de la progresiva desaparición del yo —con todas las derivas y dislocaciones que este experimenta hasta llegar a desaparecer— dentro de la propia literatura, que siempre le lleva la delantera, como es lógico suponer, a la teoría. La identidad específica e individual del sujeto comienza a ser puesta en cuestión por los literatos de la modernidad en su exploración de una nueva subjetividad, cuyos conflictos ocuparán todo el siglo XX.

Esta peculiar subjetividad no puede desligarse del que resulta ser el mal moderno por antonomasia. Llamémoslo spleen a la manera baudelairiana, tedio o ennui; en cualquier caso, habremos de buscar sus raíces en el inicio de la modernidad y en la sociedad surgida al (des)amparo de una fe derruida que ya no sirve de techo común. El individuo moderno, inevitablemente afectado por el tedio, se experimenta —dice Bürger— como “muerto viviente”, como “sombra deambulante”, como “fantasma que piensa”. Este sentimiento de irrealidad se intensifica en el caso de las vanguardias, que disuelven al enunciador en beneficio de la enunciación, del lenguaje, modificando así la relación entre sujeto y obra. Estas técnicas de despersonalización implican no solo una estética, sino una actitud frente al mundo: cuando dentro del propio texto es la voz poética quien se distancia de sí misma, pues, una vez asumida la simulación del sujeto real, el desmembramiento del sujeto ficticio despierta la conciencia crítica. Un ejemplo serían los poemas del argentino Oliverio Girondo: la crisis identitaria que a través de ellos manifiesta el sujeto poético se sustenta en el desdén hacia lo circundante y su crítica va dirigida hacia la situación miasmática y putrefacta que impregna a la sociedad como si se tratase de un humor repugnante o una baba hedionda, cáustica y viscosa.

Este clima de asfixia que impregna los pulmones
de una anhelante angustia de pez recién pescado.
Este hedor adhesivo y errabundo,
que intoxica la vida
y nos hunde en viscosas pesadillas de lodo.

(“Ejecutoria del miasma”)

La dinamita que el argentino lanza con sus versos no va dirigida solo al desastre político, más que evidente en los años de entreguerras o post-Segunda Guerra Mundial en los que se inscriben, sino que el poeta se posiciona también en contra de las poéticas que perpetúan la concepción de la lírica como mera expresión de la interioridad del sujeto —”que confunde […] la poesía con la congoja acidulada”—, en contra del lenguaje anquilosado y gastado, del mercantilismo artístico que consagra fórmulas agonizantes —”como tibios pescados corrompidos / por tanto mercader y ruido muerto”—; utiliza la despersonalización como arma contra la fórmula poética del sentimentalismo, opone su rebelión de vocablos al lenguaje enmohecido que convulsionará en su último poemario, En la masmédula, y se despoja de su entidad como individuo para que su arte no participe en el mercado de compraventa que se ha instalado a su alrededor.

Un par de décadas después, en el epílogo que Octavio Paz adjunta a su segunda edición de El arco y la lira (“Los signos en rotación”, 1967), este se pregunta sobre las circunstancias a las que se enfrentan los nuevos poetas, aquellos que escriban poesía una vez superada la primera mitad del siglo XX y tengan que lidiar con los tres rasgos que señala para esa época: la pérdida de la imagen del mundo, la aparición del vocabulario universal que es la técnica y la crisis de los significados. A propósito de este primer rasgo, la pérdida de la imagen del mundo que va paulatinamente configurando nuestra entrada en la posmodernidad, escribe:

Todo era un todo. Ahora el espacio se expande y disgrega; el tiempo se vuelve discontinuo; y el mundo, el todo, estalla en añicos. Dispersión del hombre, errante en un espacio que también se dispersa, errante en su propia dispersión. En un universo que se desgrana y separa de sí, totalidad que ha dejado de ser pensable excepto como ausencia o colección de fragmentos heterogéneos, el yo también se disgrega. No es que haya perdido realidad ni que lo consideremos como una ilusión. Al contrario, su propia dispersión lo multiplica y lo fortalece. Ha perdido cohesión y ha dejado de tener un centro, pero cada partícula se concibe como un yo único, más cerrado y obstinado en sí mismo que el antiguo yo. La dispersión no es pluralidad, sino repetición: siempre el mismo yo que combate ciegamente a otro yo ciego. Propagación, pululación de lo idéntico.

Aparejada a esta pérdida de la imagen del mundo, como resultado de ella, se produce esta “multiplicación cancerosa del yo”. Si el descubrimiento del yo está ligado al sentimiento de soledad en el mundo, en un mundo que no puede reconocerse como tal es imposible sentir tal soledad y, por ende, es imposible tomar conciencia de la individualidad. El individuo, otrora unitario, se ve reflejado ahora en un espejo que, desde el decimonónico “borde del camino”, ha caído por el precipicio para estrellarse en el suelo y romperse en mil pedazos. Su figura se descompone caleidoscópicamente del mismo modo en que lo hacía la del futurista Gino Severini en la imagen que este pinta de sí mismo a inicios del siglo XX.

La reflexión sobre el yo, en las entradas sucesivas, se iniciará en aquellas manifestaciones literarias cuyos sujetos anticipan una multiplicidad que ha llegado a ser tan común como significativa dentro de la reflexión posmoderna sobre la cultura y la sociedad. Pero esta no es la única cara que presenta la crisis de la subjetividad que recorre toda la literatura del pasado siglo; esta puede tomar también forma de lo que más adelante llamaré alteridad y alienación e, incluso, llegar a la aniquilación final. Sirva este catálogo de yoes como recorrido por la catástrofe continuada del sujeto. Porque si yo soy él y tú eres él y tú eres yo y todos estamos juntos, según cantan los Beatles, siempre podremos decir que al menos I am the Walrus. Y tan contentos.

 

 

El primitivo, el animal y el posmoderno

No es el tiempo el que nos falta. Somos nosotros quiénes le faltamos a él.

Paul Claudel.

Un tema tan caro a la posmodernidad como es el de los primitivos, el de la “prehistoria” (absurdo nombre, por cierto, pues como si los útiles o el lenguaje simbólico no alfabético o las obras pictóricas no fueran instrumentos históricos) ha sido insistentemente falseado desde el cine (hombres de las cavernas conviviendo con dinosaurios), la televisión (véase Los Picapiedra, serie no exenta de mensajes antropológicos y sociológicos por doquier) y desde el mismo ámbito académico, lo cual resulta más peligroso al volcar la imaginación histórica a una aventura mental donde se pretenden sacar conclusiones por otro lado apresuradas y en la mayoría de ocasiones sin ningún fundamento que hacen hincapié en desentrañar la naturaleza íntima del hombre para reducir a éste a un mero conglomerado de entrañas, vísceras e intestinos y bajos instintos. De este modo y por lo general, el hombre primitivo ha sido presentado como una bestia salvaje con la lanza en ristre (en todos los sentidos) y dispuesto a matar y fornicar violentamente, y la mujer prehistórica como una hembra pasiva y sumisa ataviada con un bikini de esparto y sumergida en la cueva con las crías.

Con respecto a la mujer prehistórica conviene aclarar, al menos, dos puntos: por un lado, si atendemos a las estatuillas encontradas, parece que la mujer primitiva no tenía ningún tipo de angustia alimenticia, que era bastante oronda y que comía mejor que muchas mujeres (y hombres) actualmente. Por otro, la idea de que la mujer queda en casa encerrada para siempre jamás y el hombre viaja o emigra resulta errónea. Un equipo internacional de investigadores dirigidos por la Universidad de Colorado, mediante el estudio del esmalte dental de varios Australopithecus africanus y Paranthropus robustus (insistimos, robustus), procedentes de las cuevas surafricanas de Sterkfontein y Swartkrans, descubrió que más de la mitad de los dientes femeninos hallados se formaron lejos del lugar de nacimiento y crianza de esas mujeres (lo cual no quiere decir que el hombre no se aventurara al exterior, pero en esta región, al menos, en menor medida).

Otro estándar antropológico plenamente aceptado y curioso nos informa acerca de que las prioridades humanas naturales o necesidades básicas (y lo demás es convención social, como si ésta no fuera humana) son comer, dormir y copular (y el fútbol, que si lo hubiese ese día, tróquese la cosa por comer, beber y desmayarse y añádase como otra necesidad más básica agredir y vomitar, con perdón de los forofos pacíficos). Y otra vez, parece ser que no es así. Recientemente se han encontrado unas conchas que tienen un único agujero en el centro y perforadas por la mano del hombre en los yacimientos de Skhul, Israel, y Oued Djebbana, Argelia, que hacían las veces de adornos, lo cual indica un cierto grado, en mayor o menor medida, de desarrollo de pensamiento simbólico en nuestros ancestros.

Asimismo, otro canon más o menos aceptado y que procede de considerar, incluso desde las más altas esferas cientifíco-académicas al hombre y al animal como lo mismo, es que el humano no tiene moral, ya que ésta es otro invento social (como si los inventos sociales fueran inhumanos), y que por lo tanto no es ni bueno ni malo, sino un ser dominado por puros instintos y que no conoce la piedad, compasión o altruismo y que practica algo parecido solo por interés y por “egoísmo inteligente” (como si el egoísmo lo fuera). Y parece ser que, de nuevo, se equivocan. El anciano más antiguo encontrado en un registro fósil data de hace medio millón de años y se encuentra en Atapuerca. Se trata de un Homo Heidelbergensis de cuarenta y cinco años que padecía enfermedades degenerativas que le provocaban fortísimos dolores lumbares que le imposibilitaban caminar erguido, y por lo tanto, cazar y mantenerse con vida, con lo que hubiera muerto irremediablemente (se entiende que antes de su particular crisis de los cuarenta). Y no lo hizo, lo cual evidencia a las claras que fue ayudado por sus congéneres, probablemente, un grupo de cazadores nómadas, lo cual supone una doble ayuda, y desinteresada: tanto al anciano como al enfermo.

Tras lo expuesto, obsérvense las diferencias: obsesiones compulsivas (y no necesidades básicas) relativas al aumento de peso y la figura no solo en mujeres jóvenes, sino en amplísimas capas de la sociedad; la inexistencia de elogios o reconocimientos (o en todo caso, escasos) en los estudios de género a nuestras abuelas y bisabuelas como arquetipo de mujeres trabajadoras que laboraban tanto fuera como dentro de las cuevas; la sustitución de la confección de obras de arte propias por el WhatsApp; las pensiones a los jubilados y el trato general al anciano y al enfermo. Viendo este panorama, quizá tengan razón y seamos simples animales, así que comportémonos y actuemos como tales y acordémonos del famoso eslogan para convertirlo en un mantra: “ÉL NUNCA LO HARÍA”.

Vacaciones en Ucrania

“Hoy se puede demostrar que, aunque la gente vea claramente que algo no es correcto, se mantendrá callada si la opinión publica (opiniones que se pueden mostrar en publico sin temor al aislamiento) y, por ello el consenso sobre lo que constituye el buen gusto y la opinión moralmente correcta, se manifiesta en contra”.    

E.Noelle-Neumann

Sebastopol,Crimea (Ucrania o Rusia en un futuro) / Reuters

Soldado ruso dando un placentero paseo en la base naval de Sebastopol,Crimea, Ucrania (Próximamente Rusia)/ REUTERS

En un mundo pre-apocalíptico donde el género de la Opinión lo inunda todo nos encontramos ante un fenómeno estremecedor: hay que posicionarse sobre un tema y el gentío no sabe a priori qué decir. Seamos sinceros: la vida es demasiado complicada como para leer más allá de una cita célebre compartida en Facebook. Porque, continuando con esta diarrea de sinceridad, Ucrania nos importa una mierda pero es trending topic en bares y en redes, por lo tanto, hay que opinar. En un alarde de dialéctica puedes darle un giro a la conversación y cambiar de tema para hablar de tus vacaciones durante la segunda quincena de agosto. Vamos, aún estás a tiempo y, si se reserva ahora, sale baratísimo.

Luego ahí estás tú, en ese momento en el que, tras pinchar una aceituna, te dispones comenzar el speech que te corresponde en un bar cualquiera. Tú, que sabías que este momento te iba a llegar, esta mañana, mientras te lavabas la cara, te has formulado alguna de las siguientes preguntas:

Hola, soy una persona de izquierdas, ¿a quién apoyo?”

Hola, soy una persona de derechas, ¿a quién defiendo?”

Hola, soy una persona de centro. No me pregunto nada, esto es un error del sistema.”

Hola, voy a leer sobre lo que está pasando, a ver si me entero de la situación y digo algo con propiedad que me saque del paso.”

Te preguntes lo que te preguntes has de saber que lo que primero que te enseñan en cualquier asignatura relacionada con la política es que los conflictos hay que tratarlos siempre desde el punto de vista de la economía y de la legalidad internacional. No puede aplicarse la moral ni la dicotomía “bueno/malo” como análisis de algo que está ocurriendo o que ha ocurrido ya. Para entender lo que pasa en Ucrania hay que saber, entre otras tantísimas cosas, que Europa depende en gran parte del gas ruso y, por ello, implicarse de manera activa, es decir, más allá de las sanciones simbólicas, no es viable desde el punto de vista económico. Putin ya hizo tiritar a Europa cortando los suministros de gas a nada más y nada menos que 18 países europeos el pasado 2009. La Unión Europea es la región del mundo con un mayor nivel de dependencia exterior y ¿qué pasa cuando dependes de algo para sobrevivir? Pues que no puedes morder la mano de quién te da de comer –de quien te calienta en este caso–. Pero, españoles, no os preocupéis, que nuestro gas es norteafricano y él entra libremente sin saltar ninguna valla, por lo tanto, a nosotros este tema del gas no nos afecta y podemos encender tranquilamente el radiador sin pensar en Crimea e imaginarnos al solecito, tranquilos, en la costa valenciana.

En este conflicto tampoco es legal aún una intervención extranjera. Podemos tomar como referencia los capítulos VI y VII de la Carta de las Naciones Unidas, donde a lo largo de decenas de bellos artículos se ensalza el llamado Arreglo pacífico de las Controversias. En todos los casos la intervención militar de los miembros es el último recurso y siempre amparándose en la ley de legítima defensa ante un ataque militar. Aquí podemos parar un segundo y nuestro yo puede plantearse: “Pero si yo he visto que los rusos se han introducido militarmente en Crimea, en ese caso los ucranianos tienen derecho a defenderse y los demás estados demócratas podríamos acudir en su ayuda raudos y veloces y hacer de este mundo un lugar mejor” (léase imaginando de fondo el éxito de  Michel Jackson We are the world ).

Pues no. No es tan sencillo. En Crimea hay más rusos que alemanes en Menorca (¿has mirado ya los hoteles en la isla para agosto?, a lo mejor hay alguna ganga). La autonomía ucraniana además posee una base naval que debe de ser preciosa en esta época del año y que forma parte de las piezas clave en la geopolítica rusa. Allí, legalmente, los rusos pueden acampar a sus anchas hasta el 2042, por lo tanto, Ucrania está sola. Ningún país va a hacer absolutamente nada por solucionar el conflicto. Todos van a “mediar” y Rusia hará lo que le venga mejor económica y estratégicamente hablando, como lo hacen los otros cuatro miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (Inglaterra, Francia, China y EEUU), que parece que se nos olvida que éstos últimos invaden a sus anchas países sin ningún problema (y no quiero señalar a nadie, Obama me libre).

Seguro que en este punto ya te has arrepentido de intentar formar una opinión sobre un tema tan complejo. Vamos, cierra los ojos y planea tus vacaciones de ensueño, aunque quizás ya sea demasiado tarde y te las estés imaginando en Ucrania.

¿Qué animal come piedras y vuela? Los juicios sintéticos a priori.

1013513_690834684302833_903999131_n

Puesto que uno es feliz en la medida en que satisface un deseo, sin que se necesite de una gran habilidad para lograrlo, no es algo trivial el sentimiento que le incita a disfrutar del placer.

Immanuel Kant.

¿Qué animal come piedras y vuela?
El comepiedras volador.
Anónimo.

Mi trato con chavales de bachiller ha hecho que sueñe que cae Kant en Selectividad (es decir, que es por quién preguntan, no que Immanuel suspende la PAU a estas alturas de la vida), que tenga que esforzarme en hacer más fácilmente comprensibles los sostenidos de los filósofos a estudiar y que vuelva a recordar los chistes, e inevitablemente también las canciones, que estaban de moda cuando yo misma era una chavala de bachiller. Uno de los filósofos que suelen dar más problema es precisamente el que da nombre a la sección de Filosofía de Tiempost, el ciudadano Kant (repárese en lo idealizado —alemán— que lo tenemos al considerarlo ciudadano sin que nunca saliera de su pueblo). Todo esto, unido a mi aprecio por el comepiedras volador, es lo que me lleva a intentar simplificar en este artículo una parte de la teoría del conocimiento kantiana.

En su Crítica de la razón pura Kant propone un concepto que será una de las mayores aportaciones de su filosofía: los juicios sintéticos a priori. Quizá vuestra intuición os haga juzgar igualmente a priori que no es posible establecer ningún paralelismo entre dicho concepto y el chiste del comepiedras volador. Quizá estéis en lo cierto y a mí se me haya ido de las manos, pero dejadme al menos que desarrolle mi teoría e intente convenceros.

La razón que cuestiona y revisa Kant es la teoría del conocimiento mayoritariamente aceptada en la época. Este establecía dos tipos de conocimientos que proporcionan al sujeto una certeza:

– Juicios analíticos a priori: son juicios universales y autónomos respecto a la experiencia. Son necesarios. Ej: un cuadrado tiene cuatro lados.

– Juicios sintéticos a posteriori: son juicios que dependen estrictamente de la experiencia, siendo por tanto particulares, puntuales, variables y contingentes. Ej: ese cuadrado que hay ahí dibujado está pintado de azul.

Ambos conocimientos tienen en común que expresan algo que ocurre (o está ocurriendo), que es (o que está siendo). A estas manifestaciones se llega por las percepciones en respuesta a las cuales la conciencia crea un juicio. De esta forma, se diferencian también en que los juicios analíticos  a priori son los propios de la Ciencia y los juicios sintéticos a posteriori los que se ocupan del conocimiento “vulgar”.

Vayamos ahora un momento con el comepiedras volador. Lo que vuela es volador. En esta oración la información que nos está dando el predicado está ya contenida en el sujeto. Estamos ante un juicio analítico a priori ya que en ningún caso es posible que algo que vuele no sea volador. Sin embargo, es sintético a posteriori que un animal vuele, pues pertenecer al reino animal no implica tener la capacidad de volar necesariamente.

¿Y qué pasa con lo de comepiedras? Como bien sabemos, que los animales precisan de comer es un juicio analítico a priori, pero que coman piedras es un buen ejemplo de juicio sintético a posteriori, pues pocos animales habrá, amén del comepiedras volador, que tengan esa dieta tan dura. Por tanto, “este animal es un animal que come piedras” contiene un predicado accidental respecto al sujeto.

Hasta el momento en el que Kant escribe su Crítica, los juicios analíticos a priori y los juicios sintéticos a posteriori estaban enclaustrados en compartimentos estancos: los juicios que aportaban conocimiento, dependiendo del tipo de dicho conocimiento, eran o bien analíticos a priori o bien sintéticos a posteriori.

Pero no solamente encontramos un origen a priori entre juicios, sino incluso entre algunos conceptos. Eliminemos gradualmente de nuestro concepto empírico de cuerpo todo lo que tal concepto tiene de empírico: el color, la dureza o blandura, el peso, la misma impenetrabilidad. Queda siempre el espacio que dicho cuerpo (desaparecido ahora totalmente) ocupaba. No podemos eliminar este espacio. Igualmente, si en el concepto empírico de un concepto cualquiera, corpóreo o incorpóreo, suprimimos todas las propiedades que nos enseña la experiencia, no podemos de todas formas, quitarle aquélla mediante la cual pensamos dicho objeto como sustancia aunque este concepto sea más determinado que el objeto en general.

Crítica de la razón pura, Immanuel Kant.

(Taurus, 2005)

Kant “despertará del sueño dogmático” proponiendo una tercera categoría de juicios: los juicios sintéticos a priori. El tiempo, el espacio y las matemáticas, ciertamente, son universales, autónomos y necesarios, lo cual no es incompatible con que se puedan intuir sensiblemente. El espacio y el tiempo existen irremediable y necesariamente, pero son percibido e intuido, respectivamente, por los sentidos. La fórmula para resolver ecuaciones de segundo grado tiene una validez absoluta. Independientemente de que nunca a nadie le diera por resolver este tipo de ecuaciones, esta fórmula tiene veracidad en sí misma por ser el medio de alcanzar una certeza. No obstante, una fórmula matemática también puede ser intuida y percibida por los sentidos, podemos escribirla, decirla, desarrollarla, verla escrita:

 u= \frac{-b \pm \sqrt{b^2-4ac}}{2a}

Ante esto Kant se encuentra con una contradicción a resolver: matemáticas, tiempo y espacio van a ser intuiciones y no percepciones, pero van a ser a priori, es decir, con una validez anterior a su intuición. Con esto lo que Kant está haciendo es dividir entre intuiciones puras e intuiciones empíricas.

Así las cosas, de igual forma que el animal que come piedras y que vuela es el comepiedras volador, los juicios que tienen un valor apriorístico, pero que también son objeto de intuición sensible, es decir, sintéticos, van a ser juicios sintéticos a priori.

La importancia de traducir a Hugo

Lo fundamental para el éxito y la gran difusión de una obra literaria, un texto, o una simple idea, es que el mensaje se entienda. Para ello, debemos dominar el código en el que se escribió. En otras palabras, si una obra está escrita en un idioma, o con un sistema gráfico, etc., que no sabemos leer, nunca podrá ser interesante ni accesible para nosotros. Ese mensaje no podrá tener éxito en nuestra sociedad, a no ser que alguien lo traduzca a un código que dominemos. Una vez descifrado un texto, además, el receptor debe poder contextualizarlo para comprenderlo y disfrutar de su esencia. La idea que acabo de resumir fue una de las más valiosas que aprendí durante la carrera de Historia. Me la enseñó una profesora filóloga, por cierto.

Así se explican muchas cosas. Por un lado, que yo, que no hablo noruego ni sueco, no conozca prácticamente nada de la literatura, la música o las tradiciones folklóricas de la Península Escandinava. Recuerdo y reconozco algunos hitos: Ibsen, Abba, que comen salmón y que ganan mucho Eurovisión. Un escandinavo podría escandalizarse (y resultaría un escandalinavo) por mi reduccionismo geográfico, pero si no sabe español no lo hará. Por otro lado, explica mi total y absoluta satisfacción por transcribir o traducir un texto o documento antiguo. Esta labor de descifrado y transmisión es muy importante en el mundo académico. Sin embargo, en muchas universidades, la carrera de Historia forma a “profesionales” que no sabrán nunca descifrar ni traducir una fuente documental. Se gradúan y doctoran medievalistas que no saben ni latín, ni árabe, ni griego; modernistas que no saben leer un documento en letra cortesana, ni procesal. Y así llegan incluso a la cátedra. Recurren a ediciones, críticas o no, en las que depositan su fe acrítica, preguntan al archivero sobre la lectura de algo determinado, dan por supuestas cosas que no deberían, etc.

Por supuesto, la Historia no es el único campo en el que se crean fantoches; sólo quería poner un ejemplo. En realidad, lo que pretendía explicar es que esta falta de profesionales, como paleógrafos, filólogos e historiadores bien formados, tiene buena parte de la culpa de la mala imagen del periodo que se viene denominando Edad Media. Me sobrecarga que asociemos los problemas actuales a lo medieval, como si el mundo de hoy no fuera horrible por sí mismo, pero ese es otro tema del que quizás hable en otra ocasión. Manuales para opositores, síntesis de Historia de las ciencias, profesores y divulgadores coinciden: durante la Edad Media no salió el sol; una espesa niebla impidió que toda disciplina progresara. Ni siquiera el surgimiento de las universidades ni la difusión del papel, en sus postrimerías, atenuará sus estigmas.

Pues bien, hay multitud de escritos de autores medievales que, si fueran traducidos y difundidos, nos ayudarían a transformar el paradigma hacia algo más real y cercano a esos mil años. Precisamente, hoy quiero dar vida a Hugo de San Víctor. Este monje sajón, que vivió sobre la primera mitad del siglo XII, llevó a cabo su labor en la escuela de la Orden de San Víctor, en París, que fundada por Guillermo de Champeaux y constituye un precedente de la universidad. Pues bien, este erudito, amén de teólogo y filósofo cristiano, es autor del Didascalicon, que podemos definir como un compendio de saberes y hasta un precedente de la Pedagogía. En él, Hugo recomienda técnicas de estudio para sacar el máximo provecho en la lectura. Son muy extensos y curiosísimos los pasajes sobre los que podríamos tratar. Hoy, sin embargo, traigo un fragmento que he traducido personalmente sobre De humilitate, donde Hugo de San Víctor, advierte acerca de la soberbia que, aún hoy, muchos padecen en el ámbito universitario. Un mundo muy competitivo, donde muchos creen llevar la voz cantante de un Julio Iglesias de la ciencia, sin ser siquiera un Javi Cantero; un entorno donde muchos buscan el reconocimiento antes que el propio conocimiento:

El principio de la formación es la humildad, de la que, como existen muchos ejemplos, principalmente estos tres convienen al lector: El primero, que no considere ninguna ciencia, ningún escrito, despreciable. El segundo, que no se avergüence de aprender de nadie. El tercero, que cuando hubiera alcanzado el conocimiento no menosprecie a los demás.

Esto, el hecho de que quieren ser sabios antes de tiempo, engañó a muchos. Y, efectivamente, de aquí que estallen en una cierta hinchazón de arrogancia, de modo que empiezan entonces tanto a fingir lo que no son, como a avergonzarse de lo que son; y por esto se alejan más largamente de la sabiduría, porque no quieren ser, sino ser considerados, sabios. Conocía a muchos de tal tipo que, aunque todavía carecían de los primeros rudimentos, no se dignaban interesarse sino de los asuntos más elevados. (…)

El rey, después de la copa de oro, bebe del vaso de barro. ¿Por qué enrojecéis? Escuchasteis a Platón, escuchad también a Crisipo. Se dice en un refrán: “Lo que tú no supiste, quizás lo supo un borriquito”. No hay nadie a quien se haya atribuido saber todas las cosas (…)».

Hugonis de Sancto Victore Eruditionis Didascalice Libri Septem Liber Tertius. Caput XIV: De Humilitate.

¿Queréis saber más sobre Hugo de San Víctor? Podéis escuchar esta entrevista al Grupo de Estudios Medievales y Renacentistas (GEMYR) de la UNED, que han traducido recientemente el Didascalicon de Hugo en la Biblioteca de Autores Cristianos, reivindicando, precisamente, su faceta pedagógica. Porque, en efecto, muchas ciencias sí se desarrollaron durante la infravalorada Edad Media. Traducir a Hugo es importante para eliminar la pátina clasicista que impide brillar al medievo en nuestras sociedades postmodernas.

Didascalicon de studio legendi.

Traidor el traductor, sí, pero también un humilde difusor de ideas. Porque hasta Abba, desde Escandinavia, nos cantó en español. Porque, para que uno de cada cinco científicos descienda de Julio Iglesias, fue necesaria la traducción de sus temazos:

I´ve just cut your head off. Sorry!

Dibujo

Pues bien señores míos, este título describe bastante bien en qué consiste la educación británica. En Reino Unido las palabras sorry, excuse me, could, would, please, thank you y demás expresiones para enfatizar la politeness son como un mantra que es escuchado a lo largo y ancho de todo el país en todas las clases sociales. En un principio se puede pensar que están muy bien educados, y es cierto, pero su visión de los modales es bastante distinta de la española. Una palabra que ejemplifica bastante bien esta diferencia es  “lovely!” esto viene a ser “¡muy bien!”, “¡encantador!”. Y lo puedes utilizar en casi todas las situaciones de la vida diaria. La dependienta te da el cambio: lovely!; le enseñas tu abono transporte a un revisor: lovely!; cocinas una croquetas que están a punto de cremación y las prueban: lovely!.  Mi traducción alternativa de lovely: me importa una mierda lo que hagas, digas, etc., pero soy demasiado educado para demostrarlo.

Los modal verbs son una trampa, una maldita trampa, sobre todo si son tus jefes quienes los emplean. Por ejemplo:  Would you mind to cook some lasagna for tomorrow? Con esta construcción gramatical hasta parece que te puedes negar pero no, es una forma híper educada de decir: vas a perder toda la tarde cocinando para que yo mañana sólo tenga que meter la comida en el microondas. Otras veces se escudan en sus goods manners para hacer lo que se conoce como el bestia, una guarrada o demás. Si alguien te empuja en la calle de tal forma que por poco te atropella un camión y te dice sorry, no importa que hayas estado a punto de morir, te ha dicho sorry. Tampoco creáis que todo se reduce a palabras, los ingleses tienen un ritual que quien se atreva a mancillarlo merece la pena capital al puro estilo medieval. Este ritual es hacer cola. En serio, se puede liar muy pero que muy parda si te cuelas en una fila, no sólo es que la gente que hace cola se queje, es que hasta los propios dependientes se niegan a atenderte y te piden (muy educadamente, por supuesto) que hagas la cola como todo el mundo.

Los extranjeros (gente no británica) además de ir suponiendo qué es lo que verdaderamente significa lo que les dicen, están obligados a mantener el mismo nivel de politeness. En caso de no hacerlo se encargan de acentuar aún más su cortesía llegando a un nivel en que no tienes claro si estás en el siglo XXI o en los tiempos de Shakeaspeare. De hecho, incluso para los propios angloparlantes no ingleses todas estas fórmulas también les inducen a equívocos, una prueba de ellos es este artículo donde podemos observar una tabla que nos muestra lo que realmente quieren decir algunas de esas frases.

Con todo esto se llega a la conclusión de que al final los buenos modales en Reino Unido son un protocolo. No es que de verdad sean agradables o educados, muchas veces es una forma de poder ser condescendiente y aparentar ser un gentleman.