I´ve just cut your head off. Sorry!

Dibujo

Pues bien señores míos, este título describe bastante bien en qué consiste la educación británica. En Reino Unido las palabras sorry, excuse me, could, would, please, thank you y demás expresiones para enfatizar la politeness son como un mantra que es escuchado a lo largo y ancho de todo el país en todas las clases sociales. En un principio se puede pensar que están muy bien educados, y es cierto, pero su visión de los modales es bastante distinta de la española. Una palabra que ejemplifica bastante bien esta diferencia es  “lovely!” esto viene a ser “¡muy bien!”, “¡encantador!”. Y lo puedes utilizar en casi todas las situaciones de la vida diaria. La dependienta te da el cambio: lovely!; le enseñas tu abono transporte a un revisor: lovely!; cocinas una croquetas que están a punto de cremación y las prueban: lovely!.  Mi traducción alternativa de lovely: me importa una mierda lo que hagas, digas, etc., pero soy demasiado educado para demostrarlo.

Los modal verbs son una trampa, una maldita trampa, sobre todo si son tus jefes quienes los emplean. Por ejemplo:  Would you mind to cook some lasagna for tomorrow? Con esta construcción gramatical hasta parece que te puedes negar pero no, es una forma híper educada de decir: vas a perder toda la tarde cocinando para que yo mañana sólo tenga que meter la comida en el microondas. Otras veces se escudan en sus goods manners para hacer lo que se conoce como el bestia, una guarrada o demás. Si alguien te empuja en la calle de tal forma que por poco te atropella un camión y te dice sorry, no importa que hayas estado a punto de morir, te ha dicho sorry. Tampoco creáis que todo se reduce a palabras, los ingleses tienen un ritual que quien se atreva a mancillarlo merece la pena capital al puro estilo medieval. Este ritual es hacer cola. En serio, se puede liar muy pero que muy parda si te cuelas en una fila, no sólo es que la gente que hace cola se queje, es que hasta los propios dependientes se niegan a atenderte y te piden (muy educadamente, por supuesto) que hagas la cola como todo el mundo.

Los extranjeros (gente no británica) además de ir suponiendo qué es lo que verdaderamente significa lo que les dicen, están obligados a mantener el mismo nivel de politeness. En caso de no hacerlo se encargan de acentuar aún más su cortesía llegando a un nivel en que no tienes claro si estás en el siglo XXI o en los tiempos de Shakeaspeare. De hecho, incluso para los propios angloparlantes no ingleses todas estas fórmulas también les inducen a equívocos, una prueba de ellos es este artículo donde podemos observar una tabla que nos muestra lo que realmente quieren decir algunas de esas frases.

Con todo esto se llega a la conclusión de que al final los buenos modales en Reino Unido son un protocolo. No es que de verdad sean agradables o educados, muchas veces es una forma de poder ser condescendiente y aparentar ser un gentleman.

Los no lugares de Augé: espacios del anonimato

En esta basura pétrea, ¿qué raíces prenderán?
¿qué ramas crecerán? Hijo de hombre,
no lo puedes decir ni adivinar, pues conoces sólo
un montón de imágenes rotas donde el sol golpea
y el árbol muerto no resguarda, el grillo no da alivio,
ni la piedra seca suena agua.

La tierra baldía, T.S.Elliot
(Cátedra, 2009)

¿No os ha pasado alguna vez que después de salir de un centro comercial o de un avión habéis tenido una extraña sensación? Algo así como de no-soy-yo, de sinser, de haber estado observando el mundo como si este se hubiera transformado en una gran pantalla de cine o de haber sido mandado a otra dimensión.  Si no os ha pasado alguna vez es que habéis tenido la suerte (o la desgracia, depende de la relatividad con la que se mire) de no haber permanecido durante mucho tiempo en alguno de estos no lugares. Si es que sí, y la duda  no os deja conciliar el sueño, aquí podréis encontrar respuestas (o más preguntas) a esta intensa incertidumbre existencial.

Vivimos en un tiempo muy paradójico, en el que muchas cosas se nos presentan como tal, pero, como diría Isabel, una de las vecinas de Valencia de Callejeros, “sin ser nada de eso”. Un ejemplo muy claro de esto podría ser la leche sin lactosa o el café descafeinado.

Algo similar pasaría con los lugares. Para Marcel Mauss un lugar sería aquel donde la cultura se encuentra localizada en el tiempo y en el espacio. Partiendo de esta definición, Marc Augé le añade tres rasgos comunes: identificatorios, relacionales e históricos. Para una mejor compresión lo presenta como algo geométrico que podría definirse también como la línea (itinerarios con caminos o rutas que nos llevan de un espacio a otro, que han sido trazados por los seres humanos), la intersección de líneas (encrucijadas, lugares donde las personas se cruzan) y el punto de intersección (lugares donde las personas se encuentran y se reúnen, que fueron diseñados con el fin de responder a una serie de necesidades, como podían ser los mercados, los centros políticos o religiosos). Estos itinerarios, encrucijadas y centros de reunión no pueden entenderse de forma aislada, pues están relacionados de modo que dentro de los primeros podemos encontrar cruces que nos lleven a los centros de reunión.

Partiendo de esta base, Marc Augé nos presentaría los no lugares como espacios que no son identificatorios, tampoco relacionales ni históricos. Dicho con las palabras del antropólogo francés en su libro Los no lugares. Espacios del anonimato. Una antropología de la sobremodernidad:

“los no lugares son instalaciones necesarias para la circulación de personas y de bienes (vías rápidas, empalmes, aeropuertos) como los medios de transportes mismos o los grandes centros comerciales o también los campos de tránsito prolongado donde se estacionan a los refugiados del planeta”

2012-09-17 20.11.11

Pero estos espacios no han existido hasta hace poco, sino que son fruto de la sobremodernidad. Esta, a su vez, sería consecuencia de una superabundancia de acontecimientos, ya que en la actualidad el tiempo no se presenta lineal y no lleva a un progreso de la humanidad como se creía en tiempos de la modernidad,  sino que continuamente estamos siendo testigos de una superabundancia de información, y por ello nosotros tenemos la necesidad de darle sentido al mundo, pero no al pasado ni al futuro, sino al presente. Esto también es consecuencia directa de la elevada esperanza de vida que se está dando en el mundo occidental, lo que conlleva la coexistencia de hasta 4 generaciones a la vez, lo cual amplia la memoria colectiva genealógica e histórica, y puede llevar a la sensación de que su historia atraviesa la Historia.

También sería consecuencia de un exceso del espacio, teniendo por un lado los medios de transporte que llegan a cualquier lugar recóndito del planeta, y por otro las imágenes que llegan a nuestra casa a través de los medios de comunicación. Esto supondría además un aumento considerable de las referencias imaginarias e imaginadas, la aceleración de los medios de transporte, las concentraciones urbanas, el traslado de las poblaciones y la multiplicación de los no lugares.

Otra consecuencia directa sería una individualización de las referencias. Esto significa que, en esta sociedad occidental en la que el ser humano, como individuo, se cree un mundo, se presentan sistemas locales que dan lugar a las categorías de la identidad y de la alteridad. Es decir, se hace caso a la singularidad como respuesta (o necesidad) del individuo occidental ante la homogenización o globalización de la cultura, creándose de esta forma, por ejemplo, tribus urbanas.

Resumiendo todo lo anterior, esta sobremodernidad de la que estamos siendo partícipes en los últimos tiempos, nos haría establecer una nueva relación con el tiempo y con el espacio, y también con nosotros mismos, creándonos nuevas identidades ante la necesidad de explicarnos este exceso de información que nos hace ser partícipes de un mundo al que nosotros nos creemos pertenecer como meros espectadores.

Esta sensación de mera expectación, de falta de pertenencia y de identidad se llevaría al extremo en estos no lugares. Allí los individuos son anónimos aunque para ello previamente deban presentar su identidad, como es el caso del pasajero antes de subir al avión o cuando el cliente del supermercado paga con tarjeta de crédito o también como el usuario de la autopista. Estos no lugares serían espacios del anonimato por lo tanto, donde los seres humanos dejarían su identidad aparte, se comportarían de un modo estipulado y se encontrarían con gente que, si fuera de otro modo, no se hubieran encontrado  ni coincidido en su vida. Durante el tiempo que pasamos en los no lugares dejamos de pertenecer a este mundo, y pasamos a ser meros espectadores donde se nos presentan imágenes o alusiones de este, como pueden ser fotos de lugares exóticos en los supermercados o alusiones a sitios de interés cultural o ciudades próximas en los carteles de las autovías.

Si me permiten mi osadía, y esto obviamente no es lo que dice Augé, los no lugares son el puro reflejo de esta, nuestra sociedad occidental: elementos que parecen pero no lo son, cosas que lo son pero no lo parecen, una liberación de tu identidad para que te olvides de tu vacío existencial o tu culpa y te entregues al consumismo, evocándote a través de fotografías y/o palabras, imágenes de mundos recónditos o de necesidades que por ti solo no se te habrían ocurrido, para hacerte ver que es el fin por el que trabajas todos los días, que es tu decisión. Y así hacerte parecer libre, parecer libre de tomar direcciones que van formando tu camino.

Después de toda esta filípica que os acabo de echar, sólo me queda añadir esta fantástica canción de los Lendakaris Muertos para que quede todo dicho, porque el que calla otorga y el que tenga algo que decir, que tire la primera mano.