Dios-Naturaleza en Goethe. Un homenaje a Fritz-Joachim von Rintelen (II)

Viene de Dios-Naturaleza en Goethe. Un homenaje a Fritz-Joachim von Rintelen (I)

Acción y efectos de la naturaleza

La idea de perfección en Leibniz está directamente emparentada con la de Goethe, y supone la síntesis de la armonía, grandeza y beldad. “Los conceptos de ser y perfección se identifican. Si seguimos este pensamiento hasta tan lejos como sea posible, decimos que pensamos lo infinito”. Las cosas son limitadas, pero todas miran y se orientan al infinito de la perfección. No siendo sumas o partes del infinito, “participan” de él, y la naturaleza encauza este impulso vibratorio estructurándolo y dirigiéndolo suavemente. Empero, el producto último de la naturaleza, el hombre bello, no puede durar mucho en la perfección, más que en instantes que son como destellos: “perfección es norma del cielo; perfecto querer es norma del hombre”. El particular y restrictivo modo de ser del hombre evita su perduración en lo perfecto. “Todo lo perfecto en su especie tiene que sobrepasar esa especie, tiene que devenir algo distinto, incomparable”, nos dice Goethe, afirmando así que lo entitativo es progresivamente ascensional, descubrimiento que en ningún caso se basa en una revisión de los antiguos, sino en su personal, profunda y directa observación de la naturaleza (confirmando objetivamente, además, el hecho). La planta tiende a ascender hasta el animal, y en palabras de von Rintelen, “el ruiseñor con su gorjeo sobrepasa a su vez casi al animal”. El hombre, de este modo, se eleva hacia lo espiritual, hacia la forma de ser más elevada, en definitiva, hacia la perfección. Y si el hombre es la cima de la naturaleza, debe asimismo perfeccionarse espiritualmente con el apoyo de la naturaleza:

Das sein is ewig; deen Gesetze                                 El ser es inmortal, que leyes hay

Bewahren die lebend gen Schäze                              que celosas custodian los tesoros 

Aus welchen sich das All geschmückt…                   Vivos que al todo sirven de ornamento

Vernunftosei ueberall zugegen                                 Sé doquier razonable

Wo Leben sich des Lebens freut.                              Allí donde la vida en sí se alegra.

Nach ewigen, ehernen,                                             Según eterna, férreas,

Grossen Gesetzen                                                   incontrastables leyes

Müssen wir alle                                                     todos, todos debemos

Unseres Daseins                                                    sin excepción alguna

Kreise vollenden.                                                    la órbita recorrer, fácil o abrupta.

Acción espiritual-divina en la naturaleza

La naturaleza es vida y alma penetrada por el aliento y ley del espíritu, y lo espiritual, en formas suprasensibles, regula la realidad vital. Con el espíritu generando y dirigiendo desde dentro, von Rintelen concluye que “los elementos eruptivos son conjurados por la naturaleza sin coacción externa”, ya que tal y como nos dice Goethe: “Ella configura, regulándola, toda figura y aun en lo grande no es violencia”. Estas leyes divinas están más allá de toda mudanza:

Und es ist das ewig Eine,                                          Lo único y eterno

Das sich vielfach offenbart;…                                    se revela en modo vario;…

Immer wechselnd, fest sich haltend.                             Siempre cambiando de forma,

                                                                          Nunca su esencia cambiando.

La ley supratemporal del espíritu recala en la esfera de lo humano proporcionando límites contra el desboque de los instintos y el pathos y propiciando libertad, y, situada en el fondo de lo originariamente vital, condiciona el devenir:

Ewig natürlich, bowegende Kraft,                                   Allí de natura la fuerza creadora,

Göttlich gesetzlich entbindet und schafft;                          según ley divina, sin cesar labora;

Trennendes Leben, im Leben Verein,                              separa y reúne (tal es su trabajo),

Oben die Geisler und unten der stein.                              arriba las almas, las piedras abajo.

Y si la ley trae la regularidad incondicionada, la idea nos da el hontanar y la fuente de la que rebosa el orden de lo espiritual y su producción. Lo que con idea y su mutación estructural quiere referenciar Goethe se deja ver en su doctrina de la planta originaria y el fenómeno originario, punto candente, junto a la teoría de los colores, de su interés por la naturaleza. La metamorfosis genética de las plantas (nunca en un sentido darwiniano) permite reconocer una idea configuradora interior. En el fundamento de todo cambio yace un tipo de planta originaria “y la forma más extraordinaria conserva aún en secreto su arquetipo”. En el principio y en el fin la planta es solo hoja, pero “el cuerpo originario idea” es la “forma esencial con la que la naturaleza tan sólo juega, y jugando produce lo múltiple”, esto es, en el fenómeno surge para Goethe una realidad espiritualmente más profundamente arraigada. Lo afirmado sobre la planta originaria puede extenderse a las revelaciones espirituales de la idea en lo visible, a los fenómenos originarios. Se trata de ideas manifiestas y no de abstracciones en el sentido hegeliano; es el “fenómeno fundamental dentro de lo múltiple” que conserva siempre e irremediablemente el arquetipo dentro de la diversidad. Y esta idea originaria se presenta también en los dominios ético-espirituales como la más alta “razón” en contacto con la divinidad. La arquitectura escalonada de la naturaleza es llevada por el espíritu vivo, lo que permite al todo transmitirnos la vivencia de un mundo suprasensible que es posible captar en forma de ley, idea y fenómenos originarios imperecederos. Lo que no le pertenece se hunde, pues, en la transitoriedad. Lo “transitorio es nada más que símbolo”. “Si en lo interminable fluye repitiéndose siempre lo mismo” algo eterno reposa detrás. Y eternas son las ideas sin tiempo. El hombre se encuentra en un estadio intermedio, y contempla sólo el “reflejo”, aunque sabe del espíritu superior. Por ello, en su variabilidad irrumpe la constancia de lo eterno, siendo temporal e intemporal a la vez (multiabarcador, y en lo profundo, así, eterno). De esta manera podemos hablar también de una eterna presencia en la naturaleza. Pero, ¿qué es lo eterno?

Lo eterno

Hildebrandt señala que lo eterno no está allende, sino aquende, y con estos términos espaciales se distancia de la idea goethiana de eternidad. La exención temporal señala el más alto rango del cual emerge la “intención” de Dios desde las entrañas de lo arcano hasta la finitud. Así, solo el presente perfecto permite vislumbrar el resplandor de la eternidad, que puede ser captada y aprehendida en un solo momento fluyente de un instante pleno. La experiencia del instante puede vivenciarse de tres formas: como plenitud sensitiva, impulsiva, en su instante vertical; como génesis cósmica donde se hacen tangibles las potencias espirituales; lo que adquiere acento de eterno en el instante significativo (y también eterno). Efectivamente, hay instantes limitados temporalmente pero determinantes de toda una vida, lo que da sentido a la frase de Goethe limitarse es extenderse: no es dable para el hombre sobrepasar lo espacio-temporal, pues de otra manera nuestro modo de ser no captaría lo eterno en el instante, vivo, divino. “Solamente en instantes puede dársenos plenamente nuestra naturaleza divina en su afán hacia lo alto”, viva, divina.

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Dios-Naturaleza en Goethe. Un homenaje a Fritz-Joachim von Rintelen (I)

Imagen

                                                                                          Alma del mundo, penetradnos!

                                                                               Que es el unirse contigo,

                                                                                    De nuestra fuerza la meta.

                                                                                             Johann Wolfgang von Goethe.

Con motivo de la muerte, tal día como hoy, 23 de febrero, del grande filósofo alemán Fritz-Joachim von Rintelen, le rendimos desde aquí nuestro humilde homenaje en razón de dos motivos: por su vívida captación de la filosofía goethiana y por la erección de una filosofía propia, que resulta ser una resemantización del antiguo e interior pensamiento cristiano.

Dios-naturaleza en Goethe

La filosofía profunda de Goethe se puede calificar como netamente auténtica, dado que su origen se halla en la vivencia más abisal que este experimentó: la de su vínculo, llegando al punto de fusión, con la naturaleza (otorgada por Dios). A partir de su personal experiencia, Goethe concibe la realidad como esencialmente unitaria, pero trina en su despliegue, situando el espíritu arriba, el hombre en el centro, y la naturaleza abajo y en mutua aleación y participación recíproca. Es precisamente la simbiosis entre el espíritu, la naturaleza y el hombre la que permite la revelación del Todo a través de la naturaleza una. Esta captación no surge desde el estudio de la naturaleza mortecina o ya cadáver, sino desde la amistad y entrega devota a la naturaleza viviente. Es por ello que Spranger habla de devoción cósmica en Goethe, cuestión cierta y plenamente válida siempre que la palabra cosmos mantenga un sentido lo suficientemente amplio y elevado. Yo mismo estoy saturado por este misterioso movimiento hacia el universo e intento introducirme en el sentimiento propio hasta la extinción en él, manifiesta Goethe, mostrando a su vez el sentimiento abismal del Todo y la plenitud del asimiento de Dios:

Weltseele, komm uns zu durchdringen!                                                 Alma del mundo, penetradnos!

Dann mit dem Weltgeist selbst zu ringen,                                             Que es el unirse contigo,

Wird unserer Kräfte Hochberuf.                                                         De nuestra fuerza la meta.

Concepción goethiana de la naturaleza

La naturaleza es nuestro camino a lo eterno y la sentimos como vital-pulsante y no como mecanicista. A su manera es perfecta y buena, y en ella se ordenan y superan las tensiones y polaridades. Y si es misteriosa e insondable, traspasando su velo se transparenta en su movimiento polar, ondulante, en su sístole y su diástole, en su tensión y distensión, en la fluctuación y propulsión, lo perenne eterno, encontrando la presencia de Dios como espíritu hecho naturaleza. Lo propiamente divino en la naturaleza es la vida (orgánica), consumación y síntesis de lo perfecto y fundamento último y más elevado de la realidad. Es también el prototipo del espíritu, que es amor y bondad. La arquitectura escalonada de la naturaleza, al ser penetrada, venerándola, nos eleva hacia la visión de un signo espiritual cada vez más visible que irrumpe en instantes de gracia donde se vislumbra ya un fundamento ideal e imperecedero en los fenómenos originarios, desde donde el hombre puede acceder a lo divino. El mundo es movimiento intensivo-extensivo cuya raíz es amor y espíritu, como en su extroversión demuestra, siendo la naturaleza la Gran Madre protectora y receptiva que da a luz al mundo fenoménico y lo sostiene recta y desinteresadamente. Esta vida natural se manifiesta en el ritmo del ser, en la inspiración y la espiración del mundo, en los estremecimientos eruptivos, en su grandor humilde y modesto, en la plenitud selvática, en las sacudidas del paisaje, en su belleza sin adornos, en su cuidado de todos los seres:

Nun glühen schon des ParadisesWeiten                                         Ved cómo con fulgores policromos

In überbunter Pracht.                                                               el paraíso resplandece ya.

La naturaleza, en su radiante transfiguración, irradia cualidades anímicas y es una fuerza espiritual preñada de divinidad. Este carácter de la naturaleza redirige al hombre a la alegría, entendida bajo la filosofía de von Rintelen (y la de Goethe) no como un talante, sino como un estado sereno que permite la comprehensión de valores trascendentes, y que por tanto, lleva a la Verdad, Belleza y Bien, siendo así “alegría substancial” y madre de todas las virtudes, apartándose con ello de la mirada kantiana de la naturaleza, que solo la observa y desde fuera. La alegría es un obsequio de las fuerzas hacedoras de la natura creatrix y de Dios, con lo que podemos (¿acaso debamos?) abandonarnos en su seno y dejarla obrar en pleno éxtasis en nuestra más profunda intimidad. Si la naturaleza es buena, a su vez es bella, y la concordancia entre lo bueno y lo bello condiciona lo armónico y perfecto. Por eso, la “síntesis: mundo y espíritu, nos proporciona la más bienavuntarada certeza de la eterna armonía de la existencia”: “Heilig Gefúhl-Unendliche Schoene” (“Sentimiento Sacro-Beldad Infinita”). Estas ideas nos remiten a Leibniz y a la segunda cuestión.

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