Historia oral: el ¿milagro? de san Antonio. La vuelta de Cuba

Si hecho la vista atrás me invade la nostalgia de aquellos días en los que mi abuela, Dolores, me contaba pasajes de su vida. Batallas de la vida diaria, durante la paz y la guerra, anécdotas del día a día, hechos relevantes de su vida y la de su familia y mucho más, son un reflejo inequiparable de la historia de España. No en vano ella nació en la Nochebuena de 1921, por lo que ha vivido dos dictaduras y dos democracias. Las preguntas de niño y adolescente curioso fueron diluyéndose a lo largo del tiempo, a pesar de mis estudios de Historia, debido al deterioro en la salud de mi abuela y su fatiga. A sus 93 años, a pesar de su lucidez y de haber sido siempre una mujer fuerte, es difícil poder entablar una conversación que se alargue y dilate en el tiempo.

Llevaba tiempo queriendo preguntarle acerca de una de esas historias que hacía años ella me había narrado. Recordaba sólo las líneas generales, pero no los detalles. Es un hecho que me pareció especialmente curioso, llamativo o relevante. Algunos lo podrán calificar de simpático, otros de inquietante y otros de disparate intrascendente. Lo cierto es que lo quiero compartir aquí con el mundo postmoderno, como uno de los últimos testimonios de la memoria viva de aquellos que conocieron a los soldados de la Guerra de Cuba. Ya sabéis, aquella en la que España perdió su dominio colonial en 1898.

A pesar de ser profesor de Historia, este es mi primer ejercicio de Historia oral. Nunca antes he utilizado esta herramienta, no he seguido una metodología determinada y no me he preocupado en investigar sobre ella, por lo que sólo me he ajustado a hacer las preguntas que consideré oportunas. Una mañana que mi queridísima abuela amaneció con mejor semblante, me animé y abrí el tema de conversación, cuya historia reproduzco a continuación. La madre de mi madre afirma que esta historia siempre se contó en su familia en repetidas ocasiones, como algo extraordinario, verídico e inexplicable.

La historia se desarrolla en Valencia de las Torres, Badajoz, en torno al cambio de siglo- finales del siglo XIX o, en todo caso, principios del XX. El protagonista es uno de los primos de mi abuela, llamado Antonio, hijo de Anselmo Carvajal y de Bonifacia Escuder. Antonio, como muchos españoles de su época, había tenido que ir a servir a la patria a la Guerra de Cuba, en la que la isla luchó por su independencia y en la que irrumpió Estados Unidos para acabar con el imperio colonial español. Mi abuela define a su primo como alguien que era muy formal, muy serio, al que conoció siendo bastante mayor que ella, como veterano testigo de ese conflicto bélico. Pero mi historia familiar no se centra en dicha guerra, sino en el posterior retorno a su pueblo, a la casa con sus padres. Antonio volvió a Valencia de las Torres, donde había dejado a su novia, que en el futuro se convertiría en su mujer. Para acudir a verla, debía pasar por delante de la iglesia del pueblo, a medio camino entre su casa y la de ella. Sin embargo, siempre que se disponía a ir y a atravesar por delante del templo, algo le impedía proseguir su camino. Una especie de “bulto” o de fuerza extraña en las piernas le impedía pasar. No podía cruzar físicamente por allí, así un día y otro día. Él ignoraba la razón y al cabo del tiempo se lo comentó a su madre. Ella, en seguida, lo relacionó con algo que Antonio no sabía. Cuando había partido hacia la guerra, su madre Bonifacia había ofrecido sacrificar un borrego para san Antonio a cambio de que su hijo volviera sano y salvo. No se lo había dicho a nadie y tampoco había cumplido todavía su promesa con el santo. Así pues, tras revelarlo, realizaron finalmente la ofrenda a san Antonio y el primo de mi abuela pudo volver a pasar por delante de la iglesia de su pueblo para ir a rondar a su novia. Nunca más sintió ninguna fuerza sobrenatural que frenase sus pies.

Iglesia de Valencia de las Torres. Fuente: http://www.todopueblos.com/valencia-de-las-torres-badajoz/fotos/

Hasta aquí el ejercicio de historia oral. Para algunos carecerá de sentido al no ser una historia al uso y la relegarán al misterio extravagante. Para otros, su valor podría residir en la Historia de las Mentalidades. Para mí, simplemente es una historia familiar que pretendo rescatar del olvido.

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