Cría cuervos

 

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Ficha técnica de Cría cuervos

No entiendo cómo hay personas que dicen que la infancia es la época más feliz de su vida. En todo caso para mí no lo fue y quizá por eso no creo en el paraíso infantil, ni en la inocencia, ni en la bondad natural de los niños. Yo recuerdo mi infancia como un periodo largo, interminable, triste, donde el miedo lo llenaba todo, miedo a lo desconocido. Hay cosas que no puedo olvidar. Parece mentira que haya recuerdos que tengan tanta tanta fuerza… Tanta fuerza.

Ana recuerda como recordamos todos: desordenadamente, mezclando lo que pasó después con lo que pasó antes, volviendo recurrentemente a imágenes obsesivas y dándole a las ensoñaciones de la infancia el mismo peso que merece cualquier otra vivencia. Hay imágenes que permanecen en nosotros con misteriosa persistencia. Algunas veces [ella ha] llegado a pensar que esas imágenes son precisamente nuestra personalidad. Ana recuerda la muerte de su padre y luego recuerda a su padre vivo, pero no recuerda ninguna conversación con él. Recuerda a su madre, viva, en pijama, en ocasiones tocando el piano; recuerda su enfermedad pero no su muerte. En la nevera de su casa siempre hay un plato con patas de pollo y lechuga para Roni, su cobaya, cuya muerte sí recuerda. Ana friega varias veces el mismo vaso sucio de leche y de ese veneno tan letal que es el bicarbonato, entremezclándolo siempre entre los demás para que no se sepa cuál es el que ha utilizado.

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Ana sobre todo recuerda con “tanta fuerza” los momentos que presenció y que no entendía. Ella no comprende que con una cucharadita de bicarbonato no se puede matar a un elefante, no entiende qué hacía Amelia con su padre en la cama, no sabe de qué le habla Rosa cuando le cuenta que nosequién se quedó embarazada de un ratón.

Había un montón de cosas que no aceptaba a comprender y me desazonaba la sensación de ser víctima de un juego en el cual yo no podía participar porque no conocía las reglas… Adivinaba cierta malicia en los gestos, en las conversaciones, pero no conseguía entender las cosas…

A Ana se le está revelando el mundo de los mayores. Debido a su insomnio, es espectadora de muchas escenas protagonizadas por los adultos, o más correcto sería decir las adultas, que la rodean. No entiende lo que ve pero esos recuerdos se quedan en su cabeza guardados, hasta que el paso del tiempo consigue explicarlos, o hacerlos todavía más confusos.

¿Por qué quería matar a mi padre? Es esa una pregunta que me he hecho cientos de veces. Las respuestas que se me ocurren ahora, ahora, con la perspectiva que dan los veinte años que han pasado desde entonces, son demasiado fáciles y no me satisfacen… Lo único que sí recuerdo perfectamente es que entonces me parecía el culpable de toda la tristeza que había embargado a mi madre en los últimos años de su vida. Yo estaba convencida de que él, y sólo él, había provocado su enfermedad y su muerte.

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Ana juega con su hermana mayor y con su hermana pequeña. Hacen obras de teatro fingiendo que son mayores, soltando expresiones grandilocuentes Me estás amargando la existencia. ¡Qué habré hecho yo, Dios mío, para merecer esta suerte! que apenas entienden; uno de los días que Ana recuerda como más agradables de su infancia, juegan a un escondite en el que se puede “matar” y en el cuarto de juegos bailan Por qué te vas por aburrimiento y aburridas.

Siempre suenan las tres mismas canciones: Por qué te vas para los momentos que podrían considerarse propiamente infantiles, Ay, Mari Cruz, Mari Cruz para los momentos que pasa con su abuela (también espectadora de ese mundo que ella ya ha abandonado y al que Ana todavía no ha llegado) y la melodía que toca su madre al piano, una música sentimental y melancólica, acorde a la imagen que Ana conserva de su madre y que invoca una y otra vez, despierta o en sueños. Y es en su madre —esa persona que por miedo renunció a ser pianista y escogió dedicarse a la casa y la familia, la que le revela a la niña que todo es mentira, quien le enseña lo que es morirse en la mujer en la que Ana se convierte.

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Ana imagina que sobrevuela su burgués barrio madrileño, regaña a su muñeca como si fuera ella misma pero no aguanta que la regañe su tía, no se queja, solo se sonríe, llora poco y, como si estuviese sola, no busca más cariño que el de su madre. Porque, aunque a veces parezca que se le olvida que ella ha muerto, lo sabe. Y muy bien.

 

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Un pensamiento en “Cría cuervos

  1. Al final de la dictadura y durante la Transición hubo un tipo de cine muy “particular”. Todo se analizaba, se reflexionaba. Cualquier plano, cualquier escena era diseccionada por los espectadores, a todo se le buscaba un doble sentido. Sobre todo los que asistíamos a los cine-forum.
    No sé si Saura y otros directores se planteaban las películas con tantos argumentos y tantas reflexiones posibles, pero había que recuperar el tiempo perdido. Hoy ese cine sería para minorías. Ahora la sociedad abrumada por la crisis no está para pensar demasiado. Fue muy interesante aquel tiempo y aquellos largometrajes, hoy difíciles de entender.

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