El primitivo, el animal y el posmoderno

No es el tiempo el que nos falta. Somos nosotros quiénes le faltamos a él.

Paul Claudel.

Un tema tan caro a la posmodernidad como es el de los primitivos, el de la “prehistoria” (absurdo nombre, por cierto, pues como si los útiles o el lenguaje simbólico no alfabético o las obras pictóricas no fueran instrumentos históricos) ha sido insistentemente falseado desde el cine (hombres de las cavernas conviviendo con dinosaurios), la televisión (véase Los Picapiedra, serie no exenta de mensajes antropológicos y sociológicos por doquier) y desde el mismo ámbito académico, lo cual resulta más peligroso al volcar la imaginación histórica a una aventura mental donde se pretenden sacar conclusiones por otro lado apresuradas y en la mayoría de ocasiones sin ningún fundamento que hacen hincapié en desentrañar la naturaleza íntima del hombre para reducir a éste a un mero conglomerado de entrañas, vísceras e intestinos y bajos instintos. De este modo y por lo general, el hombre primitivo ha sido presentado como una bestia salvaje con la lanza en ristre (en todos los sentidos) y dispuesto a matar y fornicar violentamente, y la mujer prehistórica como una hembra pasiva y sumisa ataviada con un bikini de esparto y sumergida en la cueva con las crías.

Con respecto a la mujer prehistórica conviene aclarar, al menos, dos puntos: por un lado, si atendemos a las estatuillas encontradas, parece que la mujer primitiva no tenía ningún tipo de angustia alimenticia, que era bastante oronda y que comía mejor que muchas mujeres (y hombres) actualmente. Por otro, la idea de que la mujer queda en casa encerrada para siempre jamás y el hombre viaja o emigra resulta errónea. Un equipo internacional de investigadores dirigidos por la Universidad de Colorado, mediante el estudio del esmalte dental de varios Australopithecus africanus y Paranthropus robustus (insistimos, robustus), procedentes de las cuevas surafricanas de Sterkfontein y Swartkrans, descubrió que más de la mitad de los dientes femeninos hallados se formaron lejos del lugar de nacimiento y crianza de esas mujeres (lo cual no quiere decir que el hombre no se aventurara al exterior, pero en esta región, al menos, en menor medida).

Otro estándar antropológico plenamente aceptado y curioso nos informa acerca de que las prioridades humanas naturales o necesidades básicas (y lo demás es convención social, como si ésta no fuera humana) son comer, dormir y copular (y el fútbol, que si lo hubiese ese día, tróquese la cosa por comer, beber y desmayarse y añádase como otra necesidad más básica agredir y vomitar, con perdón de los forofos pacíficos). Y otra vez, parece ser que no es así. Recientemente se han encontrado unas conchas que tienen un único agujero en el centro y perforadas por la mano del hombre en los yacimientos de Skhul, Israel, y Oued Djebbana, Argelia, que hacían las veces de adornos, lo cual indica un cierto grado, en mayor o menor medida, de desarrollo de pensamiento simbólico en nuestros ancestros.

Asimismo, otro canon más o menos aceptado y que procede de considerar, incluso desde las más altas esferas cientifíco-académicas al hombre y al animal como lo mismo, es que el humano no tiene moral, ya que ésta es otro invento social (como si los inventos sociales fueran inhumanos), y que por lo tanto no es ni bueno ni malo, sino un ser dominado por puros instintos y que no conoce la piedad, compasión o altruismo y que practica algo parecido solo por interés y por “egoísmo inteligente” (como si el egoísmo lo fuera). Y parece ser que, de nuevo, se equivocan. El anciano más antiguo encontrado en un registro fósil data de hace medio millón de años y se encuentra en Atapuerca. Se trata de un Homo Heidelbergensis de cuarenta y cinco años que padecía enfermedades degenerativas que le provocaban fortísimos dolores lumbares que le imposibilitaban caminar erguido, y por lo tanto, cazar y mantenerse con vida, con lo que hubiera muerto irremediablemente (se entiende que antes de su particular crisis de los cuarenta). Y no lo hizo, lo cual evidencia a las claras que fue ayudado por sus congéneres, probablemente, un grupo de cazadores nómadas, lo cual supone una doble ayuda, y desinteresada: tanto al anciano como al enfermo.

Tras lo expuesto, obsérvense las diferencias: obsesiones compulsivas (y no necesidades básicas) relativas al aumento de peso y la figura no solo en mujeres jóvenes, sino en amplísimas capas de la sociedad; la inexistencia de elogios o reconocimientos (o en todo caso, escasos) en los estudios de género a nuestras abuelas y bisabuelas como arquetipo de mujeres trabajadoras que laboraban tanto fuera como dentro de las cuevas; la sustitución de la confección de obras de arte propias por el WhatsApp; las pensiones a los jubilados y el trato general al anciano y al enfermo. Viendo este panorama, quizá tengan razón y seamos simples animales, así que comportémonos y actuemos como tales y acordémonos del famoso eslogan para convertirlo en un mantra: “ÉL NUNCA LO HARÍA”.

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Vacaciones en Ucrania

“Hoy se puede demostrar que, aunque la gente vea claramente que algo no es correcto, se mantendrá callada si la opinión publica (opiniones que se pueden mostrar en publico sin temor al aislamiento) y, por ello el consenso sobre lo que constituye el buen gusto y la opinión moralmente correcta, se manifiesta en contra”.    

E.Noelle-Neumann

Sebastopol,Crimea (Ucrania o Rusia en un futuro) / Reuters

Soldado ruso dando un placentero paseo en la base naval de Sebastopol,Crimea, Ucrania (Próximamente Rusia)/ REUTERS

En un mundo pre-apocalíptico donde el género de la Opinión lo inunda todo nos encontramos ante un fenómeno estremecedor: hay que posicionarse sobre un tema y el gentío no sabe a priori qué decir. Seamos sinceros: la vida es demasiado complicada como para leer más allá de una cita célebre compartida en Facebook. Porque, continuando con esta diarrea de sinceridad, Ucrania nos importa una mierda pero es trending topic en bares y en redes, por lo tanto, hay que opinar. En un alarde de dialéctica puedes darle un giro a la conversación y cambiar de tema para hablar de tus vacaciones durante la segunda quincena de agosto. Vamos, aún estás a tiempo y, si se reserva ahora, sale baratísimo.

Luego ahí estás tú, en ese momento en el que, tras pinchar una aceituna, te dispones comenzar el speech que te corresponde en un bar cualquiera. Tú, que sabías que este momento te iba a llegar, esta mañana, mientras te lavabas la cara, te has formulado alguna de las siguientes preguntas:

Hola, soy una persona de izquierdas, ¿a quién apoyo?”

Hola, soy una persona de derechas, ¿a quién defiendo?”

Hola, soy una persona de centro. No me pregunto nada, esto es un error del sistema.”

Hola, voy a leer sobre lo que está pasando, a ver si me entero de la situación y digo algo con propiedad que me saque del paso.”

Te preguntes lo que te preguntes has de saber que lo que primero que te enseñan en cualquier asignatura relacionada con la política es que los conflictos hay que tratarlos siempre desde el punto de vista de la economía y de la legalidad internacional. No puede aplicarse la moral ni la dicotomía “bueno/malo” como análisis de algo que está ocurriendo o que ha ocurrido ya. Para entender lo que pasa en Ucrania hay que saber, entre otras tantísimas cosas, que Europa depende en gran parte del gas ruso y, por ello, implicarse de manera activa, es decir, más allá de las sanciones simbólicas, no es viable desde el punto de vista económico. Putin ya hizo tiritar a Europa cortando los suministros de gas a nada más y nada menos que 18 países europeos el pasado 2009. La Unión Europea es la región del mundo con un mayor nivel de dependencia exterior y ¿qué pasa cuando dependes de algo para sobrevivir? Pues que no puedes morder la mano de quién te da de comer –de quien te calienta en este caso–. Pero, españoles, no os preocupéis, que nuestro gas es norteafricano y él entra libremente sin saltar ninguna valla, por lo tanto, a nosotros este tema del gas no nos afecta y podemos encender tranquilamente el radiador sin pensar en Crimea e imaginarnos al solecito, tranquilos, en la costa valenciana.

En este conflicto tampoco es legal aún una intervención extranjera. Podemos tomar como referencia los capítulos VI y VII de la Carta de las Naciones Unidas, donde a lo largo de decenas de bellos artículos se ensalza el llamado Arreglo pacífico de las Controversias. En todos los casos la intervención militar de los miembros es el último recurso y siempre amparándose en la ley de legítima defensa ante un ataque militar. Aquí podemos parar un segundo y nuestro yo puede plantearse: “Pero si yo he visto que los rusos se han introducido militarmente en Crimea, en ese caso los ucranianos tienen derecho a defenderse y los demás estados demócratas podríamos acudir en su ayuda raudos y veloces y hacer de este mundo un lugar mejor” (léase imaginando de fondo el éxito de  Michel Jackson We are the world ).

Pues no. No es tan sencillo. En Crimea hay más rusos que alemanes en Menorca (¿has mirado ya los hoteles en la isla para agosto?, a lo mejor hay alguna ganga). La autonomía ucraniana además posee una base naval que debe de ser preciosa en esta época del año y que forma parte de las piezas clave en la geopolítica rusa. Allí, legalmente, los rusos pueden acampar a sus anchas hasta el 2042, por lo tanto, Ucrania está sola. Ningún país va a hacer absolutamente nada por solucionar el conflicto. Todos van a “mediar” y Rusia hará lo que le venga mejor económica y estratégicamente hablando, como lo hacen los otros cuatro miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (Inglaterra, Francia, China y EEUU), que parece que se nos olvida que éstos últimos invaden a sus anchas países sin ningún problema (y no quiero señalar a nadie, Obama me libre).

Seguro que en este punto ya te has arrepentido de intentar formar una opinión sobre un tema tan complejo. Vamos, cierra los ojos y planea tus vacaciones de ensueño, aunque quizás ya sea demasiado tarde y te las estés imaginando en Ucrania.

¿Qué animal come piedras y vuela? Los juicios sintéticos a priori.

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Puesto que uno es feliz en la medida en que satisface un deseo, sin que se necesite de una gran habilidad para lograrlo, no es algo trivial el sentimiento que le incita a disfrutar del placer.

Immanuel Kant.

¿Qué animal come piedras y vuela?
El comepiedras volador.
Anónimo.

Mi trato con chavales de bachiller ha hecho que sueñe que cae Kant en Selectividad (es decir, que es por quién preguntan, no que Immanuel suspende la PAU a estas alturas de la vida), que tenga que esforzarme en hacer más fácilmente comprensibles los sostenidos de los filósofos a estudiar y que vuelva a recordar los chistes, e inevitablemente también las canciones, que estaban de moda cuando yo misma era una chavala de bachiller. Uno de los filósofos que suelen dar más problema es precisamente el que da nombre a la sección de Filosofía de Tiempost, el ciudadano Kant (repárese en lo idealizado —alemán— que lo tenemos al considerarlo ciudadano sin que nunca saliera de su pueblo). Todo esto, unido a mi aprecio por el comepiedras volador, es lo que me lleva a intentar simplificar en este artículo una parte de la teoría del conocimiento kantiana.

En su Crítica de la razón pura Kant propone un concepto que será una de las mayores aportaciones de su filosofía: los juicios sintéticos a priori. Quizá vuestra intuición os haga juzgar igualmente a priori que no es posible establecer ningún paralelismo entre dicho concepto y el chiste del comepiedras volador. Quizá estéis en lo cierto y a mí se me haya ido de las manos, pero dejadme al menos que desarrolle mi teoría e intente convenceros.

La razón que cuestiona y revisa Kant es la teoría del conocimiento mayoritariamente aceptada en la época. Este establecía dos tipos de conocimientos que proporcionan al sujeto una certeza:

– Juicios analíticos a priori: son juicios universales y autónomos respecto a la experiencia. Son necesarios. Ej: un cuadrado tiene cuatro lados.

– Juicios sintéticos a posteriori: son juicios que dependen estrictamente de la experiencia, siendo por tanto particulares, puntuales, variables y contingentes. Ej: ese cuadrado que hay ahí dibujado está pintado de azul.

Ambos conocimientos tienen en común que expresan algo que ocurre (o está ocurriendo), que es (o que está siendo). A estas manifestaciones se llega por las percepciones en respuesta a las cuales la conciencia crea un juicio. De esta forma, se diferencian también en que los juicios analíticos  a priori son los propios de la Ciencia y los juicios sintéticos a posteriori los que se ocupan del conocimiento “vulgar”.

Vayamos ahora un momento con el comepiedras volador. Lo que vuela es volador. En esta oración la información que nos está dando el predicado está ya contenida en el sujeto. Estamos ante un juicio analítico a priori ya que en ningún caso es posible que algo que vuele no sea volador. Sin embargo, es sintético a posteriori que un animal vuele, pues pertenecer al reino animal no implica tener la capacidad de volar necesariamente.

¿Y qué pasa con lo de comepiedras? Como bien sabemos, que los animales precisan de comer es un juicio analítico a priori, pero que coman piedras es un buen ejemplo de juicio sintético a posteriori, pues pocos animales habrá, amén del comepiedras volador, que tengan esa dieta tan dura. Por tanto, “este animal es un animal que come piedras” contiene un predicado accidental respecto al sujeto.

Hasta el momento en el que Kant escribe su Crítica, los juicios analíticos a priori y los juicios sintéticos a posteriori estaban enclaustrados en compartimentos estancos: los juicios que aportaban conocimiento, dependiendo del tipo de dicho conocimiento, eran o bien analíticos a priori o bien sintéticos a posteriori.

Pero no solamente encontramos un origen a priori entre juicios, sino incluso entre algunos conceptos. Eliminemos gradualmente de nuestro concepto empírico de cuerpo todo lo que tal concepto tiene de empírico: el color, la dureza o blandura, el peso, la misma impenetrabilidad. Queda siempre el espacio que dicho cuerpo (desaparecido ahora totalmente) ocupaba. No podemos eliminar este espacio. Igualmente, si en el concepto empírico de un concepto cualquiera, corpóreo o incorpóreo, suprimimos todas las propiedades que nos enseña la experiencia, no podemos de todas formas, quitarle aquélla mediante la cual pensamos dicho objeto como sustancia aunque este concepto sea más determinado que el objeto en general.

Crítica de la razón pura, Immanuel Kant.

(Taurus, 2005)

Kant “despertará del sueño dogmático” proponiendo una tercera categoría de juicios: los juicios sintéticos a priori. El tiempo, el espacio y las matemáticas, ciertamente, son universales, autónomos y necesarios, lo cual no es incompatible con que se puedan intuir sensiblemente. El espacio y el tiempo existen irremediable y necesariamente, pero son percibido e intuido, respectivamente, por los sentidos. La fórmula para resolver ecuaciones de segundo grado tiene una validez absoluta. Independientemente de que nunca a nadie le diera por resolver este tipo de ecuaciones, esta fórmula tiene veracidad en sí misma por ser el medio de alcanzar una certeza. No obstante, una fórmula matemática también puede ser intuida y percibida por los sentidos, podemos escribirla, decirla, desarrollarla, verla escrita:

 u= \frac{-b \pm \sqrt{b^2-4ac}}{2a}

Ante esto Kant se encuentra con una contradicción a resolver: matemáticas, tiempo y espacio van a ser intuiciones y no percepciones, pero van a ser a priori, es decir, con una validez anterior a su intuición. Con esto lo que Kant está haciendo es dividir entre intuiciones puras e intuiciones empíricas.

Así las cosas, de igual forma que el animal que come piedras y que vuela es el comepiedras volador, los juicios que tienen un valor apriorístico, pero que también son objeto de intuición sensible, es decir, sintéticos, van a ser juicios sintéticos a priori.

La importancia de traducir a Hugo

Lo fundamental para el éxito y la gran difusión de una obra literaria, un texto, o una simple idea, es que el mensaje se entienda. Para ello, debemos dominar el código en el que se escribió. En otras palabras, si una obra está escrita en un idioma, o con un sistema gráfico, etc., que no sabemos leer, nunca podrá ser interesante ni accesible para nosotros. Ese mensaje no podrá tener éxito en nuestra sociedad, a no ser que alguien lo traduzca a un código que dominemos. Una vez descifrado un texto, además, el receptor debe poder contextualizarlo para comprenderlo y disfrutar de su esencia. La idea que acabo de resumir fue una de las más valiosas que aprendí durante la carrera de Historia. Me la enseñó una profesora filóloga, por cierto.

Así se explican muchas cosas. Por un lado, que yo, que no hablo noruego ni sueco, no conozca prácticamente nada de la literatura, la música o las tradiciones folklóricas de la Península Escandinava. Recuerdo y reconozco algunos hitos: Ibsen, Abba, que comen salmón y que ganan mucho Eurovisión. Un escandinavo podría escandalizarse (y resultaría un escandalinavo) por mi reduccionismo geográfico, pero si no sabe español no lo hará. Por otro lado, explica mi total y absoluta satisfacción por transcribir o traducir un texto o documento antiguo. Esta labor de descifrado y transmisión es muy importante en el mundo académico. Sin embargo, en muchas universidades, la carrera de Historia forma a “profesionales” que no sabrán nunca descifrar ni traducir una fuente documental. Se gradúan y doctoran medievalistas que no saben ni latín, ni árabe, ni griego; modernistas que no saben leer un documento en letra cortesana, ni procesal. Y así llegan incluso a la cátedra. Recurren a ediciones, críticas o no, en las que depositan su fe acrítica, preguntan al archivero sobre la lectura de algo determinado, dan por supuestas cosas que no deberían, etc.

Por supuesto, la Historia no es el único campo en el que se crean fantoches; sólo quería poner un ejemplo. En realidad, lo que pretendía explicar es que esta falta de profesionales, como paleógrafos, filólogos e historiadores bien formados, tiene buena parte de la culpa de la mala imagen del periodo que se viene denominando Edad Media. Me sobrecarga que asociemos los problemas actuales a lo medieval, como si el mundo de hoy no fuera horrible por sí mismo, pero ese es otro tema del que quizás hable en otra ocasión. Manuales para opositores, síntesis de Historia de las ciencias, profesores y divulgadores coinciden: durante la Edad Media no salió el sol; una espesa niebla impidió que toda disciplina progresara. Ni siquiera el surgimiento de las universidades ni la difusión del papel, en sus postrimerías, atenuará sus estigmas.

Pues bien, hay multitud de escritos de autores medievales que, si fueran traducidos y difundidos, nos ayudarían a transformar el paradigma hacia algo más real y cercano a esos mil años. Precisamente, hoy quiero dar vida a Hugo de San Víctor. Este monje sajón, que vivió sobre la primera mitad del siglo XII, llevó a cabo su labor en la escuela de la Orden de San Víctor, en París, que fundada por Guillermo de Champeaux y constituye un precedente de la universidad. Pues bien, este erudito, amén de teólogo y filósofo cristiano, es autor del Didascalicon, que podemos definir como un compendio de saberes y hasta un precedente de la Pedagogía. En él, Hugo recomienda técnicas de estudio para sacar el máximo provecho en la lectura. Son muy extensos y curiosísimos los pasajes sobre los que podríamos tratar. Hoy, sin embargo, traigo un fragmento que he traducido personalmente sobre De humilitate, donde Hugo de San Víctor, advierte acerca de la soberbia que, aún hoy, muchos padecen en el ámbito universitario. Un mundo muy competitivo, donde muchos creen llevar la voz cantante de un Julio Iglesias de la ciencia, sin ser siquiera un Javi Cantero; un entorno donde muchos buscan el reconocimiento antes que el propio conocimiento:

El principio de la formación es la humildad, de la que, como existen muchos ejemplos, principalmente estos tres convienen al lector: El primero, que no considere ninguna ciencia, ningún escrito, despreciable. El segundo, que no se avergüence de aprender de nadie. El tercero, que cuando hubiera alcanzado el conocimiento no menosprecie a los demás.

Esto, el hecho de que quieren ser sabios antes de tiempo, engañó a muchos. Y, efectivamente, de aquí que estallen en una cierta hinchazón de arrogancia, de modo que empiezan entonces tanto a fingir lo que no son, como a avergonzarse de lo que son; y por esto se alejan más largamente de la sabiduría, porque no quieren ser, sino ser considerados, sabios. Conocía a muchos de tal tipo que, aunque todavía carecían de los primeros rudimentos, no se dignaban interesarse sino de los asuntos más elevados. (…)

El rey, después de la copa de oro, bebe del vaso de barro. ¿Por qué enrojecéis? Escuchasteis a Platón, escuchad también a Crisipo. Se dice en un refrán: “Lo que tú no supiste, quizás lo supo un borriquito”. No hay nadie a quien se haya atribuido saber todas las cosas (…)».

Hugonis de Sancto Victore Eruditionis Didascalice Libri Septem Liber Tertius. Caput XIV: De Humilitate.

¿Queréis saber más sobre Hugo de San Víctor? Podéis escuchar esta entrevista al Grupo de Estudios Medievales y Renacentistas (GEMYR) de la UNED, que han traducido recientemente el Didascalicon de Hugo en la Biblioteca de Autores Cristianos, reivindicando, precisamente, su faceta pedagógica. Porque, en efecto, muchas ciencias sí se desarrollaron durante la infravalorada Edad Media. Traducir a Hugo es importante para eliminar la pátina clasicista que impide brillar al medievo en nuestras sociedades postmodernas.

Didascalicon de studio legendi.

Traidor el traductor, sí, pero también un humilde difusor de ideas. Porque hasta Abba, desde Escandinavia, nos cantó en español. Porque, para que uno de cada cinco científicos descienda de Julio Iglesias, fue necesaria la traducción de sus temazos:

I´ve just cut your head off. Sorry!

Dibujo

Pues bien señores míos, este título describe bastante bien en qué consiste la educación británica. En Reino Unido las palabras sorry, excuse me, could, would, please, thank you y demás expresiones para enfatizar la politeness son como un mantra que es escuchado a lo largo y ancho de todo el país en todas las clases sociales. En un principio se puede pensar que están muy bien educados, y es cierto, pero su visión de los modales es bastante distinta de la española. Una palabra que ejemplifica bastante bien esta diferencia es  “lovely!” esto viene a ser “¡muy bien!”, “¡encantador!”. Y lo puedes utilizar en casi todas las situaciones de la vida diaria. La dependienta te da el cambio: lovely!; le enseñas tu abono transporte a un revisor: lovely!; cocinas una croquetas que están a punto de cremación y las prueban: lovely!.  Mi traducción alternativa de lovely: me importa una mierda lo que hagas, digas, etc., pero soy demasiado educado para demostrarlo.

Los modal verbs son una trampa, una maldita trampa, sobre todo si son tus jefes quienes los emplean. Por ejemplo:  Would you mind to cook some lasagna for tomorrow? Con esta construcción gramatical hasta parece que te puedes negar pero no, es una forma híper educada de decir: vas a perder toda la tarde cocinando para que yo mañana sólo tenga que meter la comida en el microondas. Otras veces se escudan en sus goods manners para hacer lo que se conoce como el bestia, una guarrada o demás. Si alguien te empuja en la calle de tal forma que por poco te atropella un camión y te dice sorry, no importa que hayas estado a punto de morir, te ha dicho sorry. Tampoco creáis que todo se reduce a palabras, los ingleses tienen un ritual que quien se atreva a mancillarlo merece la pena capital al puro estilo medieval. Este ritual es hacer cola. En serio, se puede liar muy pero que muy parda si te cuelas en una fila, no sólo es que la gente que hace cola se queje, es que hasta los propios dependientes se niegan a atenderte y te piden (muy educadamente, por supuesto) que hagas la cola como todo el mundo.

Los extranjeros (gente no británica) además de ir suponiendo qué es lo que verdaderamente significa lo que les dicen, están obligados a mantener el mismo nivel de politeness. En caso de no hacerlo se encargan de acentuar aún más su cortesía llegando a un nivel en que no tienes claro si estás en el siglo XXI o en los tiempos de Shakeaspeare. De hecho, incluso para los propios angloparlantes no ingleses todas estas fórmulas también les inducen a equívocos, una prueba de ellos es este artículo donde podemos observar una tabla que nos muestra lo que realmente quieren decir algunas de esas frases.

Con todo esto se llega a la conclusión de que al final los buenos modales en Reino Unido son un protocolo. No es que de verdad sean agradables o educados, muchas veces es una forma de poder ser condescendiente y aparentar ser un gentleman.

El absurdo musical: de Vainica Doble a The Beatles

Dance first. Think later. It’s the natural order.

Samuel Beckett

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La música constituye uno de los componentes más importantes en la construcción de nuestra identidad, y se ha convertido en uno de los motores más poderosos en la creación de vínculos sociales. Todo estilo musical arrastra, muchas veces a su pesar, una determinada etiqueta en el imaginario individual y colectivo. Claro está que no es lo mismo ni para uno ni para el resto escuchar a Bob Dylan o a Raphael, o al menos quien escucha a los dos no lo hace con el mismo objetivo. El mensaje de cada una de las historias breves que transmiten las canciones y su construcción es, en la mayoría de los casos, la razón de que sean escuchadas con mayor o menor seriedad. Sin embargo, una (que es muy fan de Dylan), se sorprende en más ocasiones cantando el Trololó o Bote de Colón de las que imaginaría. De una manera inconsciente, siento el deber de preguntarme por qué hay toda una serie de canciones que considero, a primera vista, tremendamente absurdas y, sin embargo, me encantan. Recorriendo un camino inverso, pretendo ofrecer un breve análisis de una lista de canciones de estilos y autores muy diversos que ejemplifican a la perfección a qué me refiero con absurdo, y cuyos contenidos van de la crítica irónica al vacío total.

Vainica Doble, Déjame vivir con alegría. Aunque se podría decir que cada una de las canciones de este grupo constituyen un canto espontáneo al stream of conciousness surrealista, este tema (versionado de maneras muy diferentes por Grupo de Expertos Solynieve y Nacho Vegas) constituye claramente uno de los más complejos en este sentido. Bizarro canto a la defensa de la identidad y la libertad personal con respecto al resto, puede convertirse en himno perfecto para expresar la misantropía que todo individuo siente en algún momento del día. A través de aserciones vitales expresadas a la perfección en frases como “Yo no cambio tu ananás por mi limón, yo no cambio tu salmón por mi salmonete”, Vainica Doble nos enseña a disfrutar de la vida con alegría sin hacer comparaciones con el resto, negándose a aceptar sin más las críticas basadas en la apariencia que continuamente nos lanza la sociedad. Una sociedad ante la cual debemos tener una actitud crítica, cuya idea de progreso es evidentemente falsa, pues Nihil novum sub solem, o lo que es lo mismo, “tu nuevo mundo yo descubrí con Colón”.

The Libertines ofrecen, en canciones como The Delaney o The Boy Looked at Johnny la descripción del camino opuesto, esto es, la del individuo que es incapaz de encontrarse a sí mismo. Existencialistas como pocos, logran hacer un resumen prácticamente perfecto del pensamiento sartriano en la segunda canción, cuyo protagonista pregunta con toda naturalidad: “Don’t you know who I think I am?” Esta desesperada búsqueda de identidad se refleja en una imposibilidad de lenguaje en The Delaney que es consecuencia de la imposibilidad de decision: “Say no, no, no. Say yeah, yeah, yeah. I said maybe maybe maybe. I just don’t care”.

El niño gusano es, en este sentido como Vainica Doble, uno de los abanderados de lo que podríamos llamar “absurdo ontológico” español. En Mr. Camping se toman más en serio que nadie la fragmentación y desaparición del sujeto posmoderno, que se autodestruye, como ya hicieron otros personajes del absurdo de principios del XX (el relato La carne, de Virgilio Piñera, quizá sea la referencia más directa), a través de un acto de retroalimentación sin precedentes. El uso de la ironía es precisamente el que hace que la metáfora sea aún más evidente, pues ellos eligen la lengua para empezar el festín. ¿Y tú, “si tuvieras que comerte, por dónde empezarías”?

Astrud son, sin duda, uno de los mayores representantes del “absurdo ontológico”, estilo mediante el cual llevan a cabo una clara crítica a la sociedad (Hay un hombre en España) y la cultura (Noam Chomsky, Los poetas) a través de un intrincado ejercicio de desmitificación. En El vertedero de São Paulo lanzan una clarísima crítica a la acumulación sin sentido propia de la sociedad de consumo mediante la enumeración de objetos absurdos (copias gratuitas de evaluación de Windows, egagrópilas de búho) y no tan absurdos (incunables, amatistas, millones de pesetas, plasma sanguíneo) que hacen del vertedero un lugar casi mítico al que dan ganas de ir en calidad de turista. Sin embargo, la crítica se hace efectiva cuando el que escucha comienza a darse cuenta de la cantidad de objetos inservibles que acumula en sus estanterías, pues al fin y al cabo, “el vertedero de São Paulo no es una metáfora, sino un vertedero que tienen en São Paulo”. En estos parámetros de consumo y neoliberalismo atroz, en cuyo centro el individuo lucha, como afirma Andrés Calamaro en Culo sin asiento, por “oportunidades a montones, o ninguna, o una sola por cojones”, abrazar el hedonismo parece una de las mejores opciones, como nos propone Vainica Doble, sometiendo a examen el disfrute de las experiencias cotidianas, tal y como hacen The Beatles (visionarios, cómo no) en All Together Now. Porque al final todas las respuestas son más fáciles si sabes con certeza que puedes comer un poquito más.

Pina: Bailando al borde del Abismo

Lo bello es el comienzo de lo terrible que aún podemos soportar

Rainer Maria RILKE

No, there was no hurricane that swept across the stage,
there were just … people performing
who moved differently then I knew
and who moved me as I had never been moved before.
After only a few moments I had a lump in my throat,
and after a few minutes of unbelieving amazement
I simply let go of my feelings
and cried unrestrainedly.
This had never happened to me before…
maybe in life, sometimes in the cinema,
but not when watching a rehearsed production,
let alone choreography.
This was not theatre, nor pantomime,
nor ballet and not at all opera.
Pina is, as you know,
the creator of a new art.

Wim WENDERS

Portada Pina

A principios del siglo XX, en un mundo sin Dios (Nietszche ya se había encargado de aniquilarlo años antes) el arte expresionista surgió como respuesta a una nueva necesidad que se centraba en el individuo que, desamparado, se sabía en un mundo que no terminaba de crearle un sitio. La danza no se mantuvo al margen de estas corrientes y de estas necesidades por lo que superó las exigencias métricas, espaciales y musicales tradicionales, sobre todo a raíz del trabajo del húngaro  Rudolf von Laban (1879-1958).

Se trata de una cuestión de lenguajes: el lenguaje heredado de los padres, de la industrialización y del progreso había demostrado no ser capaz de dar cabida a ciertos aspectos del ser humano que de repente se hacían patentes en todos los niveles de la realidad.

En este caldo de cultivo nace Phillippina Bausch (1940), Pina, que da nombre a la película de Win Wenders que ha motivado estas líneas y de la que os dejo el tráiler. Pina y su primer maestro, Kurt Joos, suponen una continuidad de este modo de pensar y de crear dentro de la danza de la segunda mitad del siglo XX. A través de la obra de Pina tenemos acceso a un lenguaje del cuerpo que da respuesta a la necesidad del artista de mostrar una realidad humana plural, letal y a la vez tremendamente bella.

El proceso creativo cambia. Ya no nos encontramos ante un espectáculo que surge “de un principio hacia un final, sino del interior hacia el exterior”*. Pina planteaba preguntas a sus bailarines y a partir de sus respuestas construye una coreografía. La película de Win Wenders muestra a los bailarines no sólo ejecutando dichas coreografías sino también hablando sobre el silencio de Bausch y sobre su inmensa capacidad de escucha. Nadie podía sino ella haber aglutinado tantas experiencias y respuestas tan íntimas y variadas como lo hizo.

Aunque la danza era su principal elemento de expresión no se limita a esto. Creo que cualquier intento de etiquetar su trabajo es fallido porque en su búsqueda de una expresión auténtica supera las categorías artísticas para crear un todo que alcanza al espectador directamente, sin mediación de ningún tipo.

El cuerpo del bailarín se convierte en una brocha que dibuja un escenario ilimitado, multidimensional y sorprendente. Pinceladas fluidas a veces, otras contritas o espasmódicas desafiando el cómo ha sido entendido el mundo y su estética. Este cuerpo se muestra sin represiones, muestra su fragilidad de forma siniestra (Unheimlich en el sentido kantiano), y sólo a través de ella accede a la grandeza y la belleza de lo humano.

En el proceso de despojarse de sus vestiduras y de sus parapetos, de su carga cultural, de sus construcciones mentales y sus ideas preconcebidas se accede a un lenguaje emocional, profundamente visceral e incapaz de dejarte indiferente.

Así es como se ve a Pina y a su obra: una mujer nervuda que baila al borde de un abismo. Siempre diminuta y frágil, a punto de quebrarse, a punto de caer pero nunca cayendo. Jugando con el vértigo del hombre, con su terrible tendencia a dejarse llevar por su propia miseria. Sólo después de aceptar esta realidad  puede hacer algo hermoso, cautivador, como también es el hombre sin necesidad de crear una contradicción.

______

*Ortiz de Gondra, B. (1991). Pina Bausch. B, ADE teatro: Revista de la Asociación de Directores de Escena de España, Nº 21,  1991, pg. 29.

Epistula ad Goyum

Etceretísimo señor:

No podía dejar de aprovechar esta ocasión para hacer unos breves comentarios a sus últimas letras, que de un modo tan directo suscitaron las más grandes simpatías hacia lo que yo creí intuir que hay de común entre su inhibición redactora y la mía. De esta suerte, y con este intimísimo tono, me dispongo a lanzarme al precipicio de la exhibición, pues en ningún modo creo ciertos ya los juicios que ha parido el yugo de nuestros atormentados yoes, y estimo absolutamente imperante y necesaria la rebelión hacia el yo represor. Los yoes y sus conflictos, mi queridísimo Goyus, sabemos que son cuestiones harto espinosas y difíciles de abordar. Parece claro, señor mío, que sí existen ciertas discrepancias entre las múltiples personalidades de uno, muchas veces, contradictorias entre sí, exhibiendo cruenta pugna las unas contra las otras en la inmisericorde batalla de la identidad. No obstante, mi estimado amigo, la rebelión del yo (de un yo) es justa y necesaria; habría de llegar como último impulso de un breve resquicio de autodeterminación que, sin duda, quiero creer y creo que ambos albergamos en el fondo de nuestros corazones. Para traer un interesante término ya empleado en este tiempostmoderno espacio, diré que esos yoes que luchan, opresores, hacen una función similar a la que realiza el discurso dominantísimo del heteropatriarcado: ese gran discurso. Nos guían por sendas que, sin ser nosotros conscientes del todo quizá, parecen absolutamente definidas y necesarias en cuanto a lo que debe ser, repitiendo un ora pro nobis demasiado asentado en el inconsciente; a saber, aserciones todas ellas relacionadas con la imposibilidad de sentirnos de tal o cual modo con respecto a esta dimensión de la escritura – y otras muchísimas dimensiones más en lo que a la personalidad se refiere. Pero sabe usted tan bien como yo que el discurso opresor del inconsciente es tan sólo otro discurso más, del que habremos de liberarnos, si lo deseamos, construyendo otro discurso propio en la rebelión del yo. Créame, verdaderamente poco importan los conflictos vividos en el interior de nuestras almas, de muy poco sirve el que queramos vernos obstinadamente de un modo tal o cual, no hay que olvidar esto, querido; su visión del yo siempre será sólo suya, porque es única la manera que tiene su yo de percibirse a sí mismo, y en nada o muy poco, en la mayoría de los casos, va a parecerse a lo que el resto de ínfimos mortales podamos, queramos o nos afanemos en ver de usted. Incluso esto es así con todos los demás aspectos de la vida y de la realidad de las cosas circundantes, y es por esto que creo que nunca la raza humana llega a estar de acuerdo siquiera en lo más elemental. Así que haga usted lo que le venga en gana, queridísimo, yo enérgicamente le conmino a rebelarse, porque han llegado los Tiempostmodernos, rebélese contra el yo, contra los yoes, contra las voces, contra los patrones de conducta (si los hubiera o hubiese), contra los lugares comunes entre los que uno siente que no está pero debería estar, contra lo que parecen percibirse como tendencias en las que uno jamás creería que puede participar, contra el que haya una línea y el sentimiento de estar saliéndose de ella. Todo eso son pamplinas. Fruslerías. Finos ardides de la mente. Querido, queremos ver su escribiente yo. O sus yoes. O la versión que usted elija mostrar de lo que usted percibe como ese yo en el que usted escribe. O nuestros yoes reflejados en sus yoes. Yo acabo de mostrarle el mío, o uno de los míos, o algo de lo que quiero creer que pudiera o pudiese llegar a ser una cosa así como relacionada conmigo. Pero esto da igual, en verdad. Recuerde, todo será una percepción. Porque Yo no soy yo./ Soy este/ que va a mi lado sin yo verlo,/ que, a veces, voy a ver/ y que, a veces, olvido.